Conmemoremos 2019

La gesta definitiva para una independencia parcial. (A 200 años de la Campaña Libertadora)

La gesta definitiva para una
independencia parcial
(A 200 años de la
Campaña Libertadora)

Hechos aislados y nebulosos, ha llegado otra conmemoración. Colegios, universidades, auditorios, programas televisivos o radiales, exposiciones artísticas, conciertos, muestras teatrales… Nadie puede excluirse de la indiscutible importancia contenida en aquel fundamental paso al que atribuímos el origen de nuestra nación: La independencia.

Un florero y una discusión primero, luego una serie de batallas; y de repente, como si apareciera ante el público un as que todo el tiempo había estado oculto bajo la manga, un territorio soberano, autónomo y libre abre sus ojos como nación. Tal es el contenido del corillo equívoco que escuchamos una y otra vez;  tal es el alcance del mito fundacional que nos enseñaron desde pequeños y que solemos repetir hasta hoy. El orgullo y la nostalgia producidos por el recuerdo de las hazañas de los héroes de la nación izan las banderas de las casas en las que el himno oficial siempre se escuchó despreocupadamente… Una trampa inadvertida se esconde tras la euforia de esta celebración. Hemos aniquilado nuestra historia con símbolos y nombres recubiertos de relatos inconclusos, con acontecimientos de los cuales se hace eco mediante palabras inconexas, hechos insignificantes o cuentos viejos que en nada se vinculan con nuestra realidad.

Situados aquí, es preciso emprender la difícil tarea de rescatar nuestra historia de esa agónica marginación a la que se ha visto obligada. Sacarla de esos lugares comunes llenos de falsedades, de nombres de próceres celestiales, de objetos descontextualizados, de silencios alarmantes. Es preciso hacer de nuestra Independencia un objeto de reflexión, preguntarnos por esa cuota de pasado que pervive en lo que somos hoy. Nuestra historia, la historia del surgimiento de la República de Colombia, muere en su potencial subversivo, toda vez que afianzamos con nuestro desconocimiento su esterilización. Con en este evento queremos transitar junto a ustedes por esos fangosos pasajes que componen nuestros primeros intentos de emancipación, queremos invitarlos a explorar junto a nosotros el proceso que dio origen a nuestro país y en qué medida las aspiraciones de libertad que animaron las batallas de hace doscientos años aún reclaman esfuerzos colectivos para una realización más profunda y satisfactoria. Sean todos cordialmente invitados a Conmemoremos, un espacio donde el pasado y el presente se juntan mediante el diálogo y la reflexión.

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Sarah Quintero
Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)

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La Revolución francesa y sus insistentes ideales: libertad, igualdad y fraternidad (A 230 años de la Revolución francesa)

La Revolución francesa y sus
insistentes ideales:  libertad,
igualdad y fraternidad
(A 230 años de la Revolución
francesa)

En la obra póstuma e inconclusa del gran historiador francés Marc Bloch, Apología para la historia o el oficio de historiador, éste intenta responder a la, sólo en apariencia, sencilla pregunta: ¿para qué sirve la historia? Bloch, con una irónica sinceridad, empieza su indagación reconociendo que, en primera instancia, la historia sirve para gozar. Un elemento tan evidente no podría ser refutado, por lo menos lo es para aquellos a los que nos apasiona la historia, incluso para los que no la tenemos por oficio. Pero si es obvia la sensación de satisfacción menos evidente es su origen, ¿de dónde proviene el goce estético que proporciona la historia? El historiador francés señalará que aquél procede, precisamente, del particular objeto de esta disciplina, a saber: «el espectáculo de las actividades humanas», que «más que ningún otro está hecho para seducir la imaginación de los hombres. Sobre todo cuando, gracias a su alejamiento en el tiempo o en el espacio, su despliegue se atavía con las sutiles seducciones de lo extraño».

Y es que la historia le permite al ser humano —único ente capaz de salir de sí— hacer uso de su sensibilidad para reconocerse en lo más extraño, en las variadas y diversas formas que la humanidad puede darse; le permite hacerse a unos ojos para la otredad que constituyen, por ejemplo, los hombres y las mujeres de la Revolución francesa, esos otros con los que se puede identificar en sus luchas, en sus sufrimientos, en sus deseos y en sus entusiasmos. El lector de la historia se “transforma” así en las mujeres de los barrios y los arrabales de París, marchando a Versalles en medio de la lluvia y el barro para exigir pan a su rey; se “convierte” en los obreros que tomaron La Bastilla poniendo el pecho a las balas que caían desde sus almenadas torres; hace eco de Bailly anunciando a viva voz al emisario del rey que “la nación reunida en asamblea no puede recibir órdenes”; se “torna” Roberspierre frente a la guillotina contemplando el final de su vida y el de la República por la que tanto luchó. Pero de aquella primera atracción sobre nuestra sensibilidad, también brota una satisfacción para nuestra inteligencia, pues esa otredad que se nos presenta como lo más lejano, sin embargo nos constituye; aquél que va a la historia descubre sus deudas, se reconoce pisando huellas, descubre que su vida es menos individual de lo que cree, la reconoce transpersonal, social, histórica; aquel que se sumerge en los ideales de la Revolución francesa descubre la razones que inclinan su corazón a la izquierda, el origen de su ímpetu por defender la libertad, se le devela por qué le es insoportable la desigualdad, y por qué enarbola que existan lazos de solidaridad entre los seres humanos.

Con el ánimo de compartir con ustedes la sensibilidad y la inteligencia que nos promete la evocación de la Revolución francesa les invitamos a que nos acompañen el próximo miércoles 17 de julio a conmemorar aquel hecho histórico que cumple 230 años; conmemoración que hará énfasis en las ideas que fundaron aquel proyecto político que tenía por ideales la libertad, la igualdad y la fraternidad.

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Santiago Piedrahíta
Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)

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Borges, el memorioso (A 120 años del natalicio de Jorge Luis Borges)

Borges, el memorioso
(A 120 años del natalicio
de Jorge Luis Borges)
Que otros se jacten de lo que han escrito, a mi me enorgullece lo que he leído
Jorge Luis Borges
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Conmemorar a Jorge Luis Borges es, por decir lo menos, vérselas frente a un hombre que buscó en la literatura la posibilidad de navegar a través de los misterios del mundo. Fue ensayista, cuentista, poeta, filósofo y siempre perplejo, aventurero de las letras y de los múltiples lugares y tiempos que el ser humano ha habitado y por los que ha dejado su huella. De niño recibe la biblioteca de su padre y el deseo de éste de ser escritor, dos asuntos que fueron fundamentales para su actividad literaria, pues la potencia de un Borges lector, uno que busca maestros y sabe ser aprendiz, se refleja en un Borges escritor, que maravillará al mundo con su literatura sobre hombres que no envejecen ni mueren, laberintos sin puertas ni muros y libros infinitos. Varios temas le acuciaron a lo largo de su vida con singular insistencia: la memoria, la muerte, la eternidad, el destino; todos ellos, bajo su pluma, se convierten en preguntas y en caminos posibles del pensamiento para aquel lector o lectora que se aproxima a él: ¿qué sería del ser humano si pudiera recordarlo todo?, ¿qué hace con su vida sabiendo ese final inapelable de la muerte?, ¿existe un destino que cumple sin falla alguna o acaso es artífice del mismo?
Les invitamos, entonces, a que sean nuestra compañía este miércoles 19 de junio, a las 6:30 pm., en la Torre de la Memoria de la Biblioteca Pública Piloto, para que conversemos sobre el escritor argentino Jorge Luis Borges.
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Vincent Restrepo
Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)

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De la esperanza socialista al cerco capitalista (A 60 años del triunfo de la Revolución cubana)

De la esperanza socialista
al cerco capitalista
(A 60 años del triunfo
de la Revolución cubana)

Un primero de enero de 1959 se vislumbraba desde una isla, en el centro de América, un nuevo aliento emancipatorio para nuestra humanidad. Una insurrección armada con obreros, campesinos e intelectuales en su seno derrocaban el régimen de Fulgencio Batista, el sueño de muchos revolucionarios, arrebatar el poder a los opresores y ponerlo al servicio de la justicia humana y social, se acariciaba con más ahínco hace sesenta años.

Con la victoria del Movimiento 26 de Julio, se tiene un nuevo referente, una nueva experiencia de poder político y popular que ejemplifica otras maneras de dirigir una revolución y construir el socialismo. En medio de una guerra fría y ante el celo imperioso de la burguesía internacional que buscaba minar a toda costa los avances de los barbudos cubanos, éstos se vieron obligados a establecer relaciones comerciales y políticas con la entonces Unión Soviética para velar por su defensa y subsistencia.  Pero también, en la dirigencia de Fidel y en los tiempos de política institucional en los que estuvo Guevara, se dieron esfuerzos titánicos para que Cuba lograra una independencia económica, su ejemplo de internacionalismo es una clara muestra de no quedar a merced de la URSS, buscando generar contactos y apoyos con otros pueblos del mundo.

Sea este aniversario de la Revolución cubana para responder con lo que nos es posible estando a la altura de su estudio;  la interpretación sobre el pasado de los socialismos, de sus retos, contradicciones y dificultades es un tema de crucial importancia para los que sostenemos aspiraciones de transformación radical de la sociedad. No volvemos a esos contextos por complacer una nostalgia con el pasado, volvemos para tener una fundamentación y no quedar a merced de tergiversaciones y usos amañados sobre la historia de tan importantes acontecimientos.

Santiago Alarcón
Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)

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Rosa Luxemburgo en tres facetas suyas: el amor, el arte y la cárcel (A 100 años de su muerte)

Rosa Luxemburgo en tres
facetas suyas: el amor,
el arte y la cárcel
(A 100 años de su muerte)

Hace cien años dejó de latir uno de los corazones más valientes que la humanidad haya podido conocer. Era el de Rosa Luxemburgo, una de las dirigentes históricas del socialismo que, junto con Karl Liebknecht, el 15 de enero de 1919, eran vilmente asesinados. Crímenes que se hicieron con la complicidad del partido en el que Rosa había militado por años bajo las banderas del marxismo, el SDP (Partido Socialdemócrata Alemán).
Por su carácter indomable, por su incorruptible sentido de la justicia y su ardiente defensa de la revolución, Rosa Luxemburgo se convirtió en una de las enemigas más incómodas de los esbirros del poder, tanto de la izquierda como de la derecha. Estuvo siempre atenta para criticar con contundencia los desvíos que la socialdemocracia alemana iba teniendo con su reformismo, su revisionismo y al abdicar del internacionalismo proletario cuando apoyaron la intervención de Alemania en la primera guerra mundial.
Pero ese mismo corazón que palpitaba justicia y revolución, también se insuflaba con los más elevados sentimientos. La Rosa roja, era también vibrante en el amor, su correspondencia con Leo Jogiches, Kostia Zetkin, Paul Levi y Hans Diefenbach son testimonio de la hondura con que se entregaba a la pasión amorosa. Y en su estadía en la cárcel como en sus estudios de arte, da cuenta también de esa mirada poética con la que esta revolucionaria veía la vida y la dotaba de significación con todo aquello que experimentaba; sus alegrías, sus tristezas y hasta la más mínima preocupación se volvían el detonante de su palabra reflexiva.
A esta mujer queremos rendirle un sincero homenaje, resaltando en ella, la revolucionaria, esa capacidad que tuvo para enhebrar en su vida pasiones como el arte y el amor.

Santiago Alarcón
Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)

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Volver a Freud: el malestar que no nos da tregua (A 80 años de su muerte)

Volver a Freud: el malestar
que no nos da tregua
(A 80 años de su muerte)

Por textos como el Malestar en la cultura, Freud ha sido estigmatizado bajo el rótulo de pesimista. Su afirmación de que la cultura trae consigo un carácter insalvable de insatisfacción no da lugar a falsos consuelos: un desarrollo cultural está atado a una ampliación de las restricciones e inhibiciones, como ligado está a un aumento del sentimiento de culpa que pesa sobre el ser humano. La cultura, que lucha por contener la esencial hostilidad humana, aquélla que amenaza permanentemente con disolver la vida en sociedad, sería, pues, el motivo de una gran infelicidad. Pero acaso tal rótulo de pesimista no sea más que una defensa contra el malestar que nos causaría tirar los velos que cubren la verdad: velos que sostienen las ilusiones de retornar a una edad perdida de siglos dorados como los que evoca melancólicamente Don Quijote, o velos que son las ilusiones mesiánicas de paraísos futuros, en los que una cualificación cultural traería la armonía y eliminaría las dificultades e insatisfacciones que ahora nos significa la convivencia.
Por Freud, por su amor a la verdad, por saber ir a ella a partir de la ilusión sin perderse en sus placenteras brumas, queremos hacerle este humilde homenaje a 80 años de su muerte, en una conversación que versará sobre aquel texto de 1930, en el que se esconde quizá una de sus más duras enseñanzas. Para ello, como siempre, les queremos invitar muy cordialmente a que nos acompañen.

Santiago Piedrahíta
Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)

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Freud: el inconsciente a escena (A 80 años de su muerte)

Freud: el inconsciente
a escena (A 80 años
de su muerte)

El 21 de septiembre de 1939, a sus 83 años, llevando a cuestas una lucha de 16 años y de 34 intervenciones quirúrgicas contra un cáncer ubicado en su zona maxilar, Sigmund Freud le recuerda a su médico la promesa de ayudarlo a “abandonar decentemente el mundo”. Al día siguiente éste le aplica una pequeña dosis de morfina que en su debilitado estado le significa la muerte. Durante la noche del 23 de septiembre, la valiente y comprometida existencia de Freud toca su fin. Amante de la verdad por sobre todas las cosas, incluso a costa de su propia economía psíquica, tuvo la valentía de explorar las tinieblas del alma humana. Cual Edipo, ávido de una verdad que ponía en peligro su integridad y removía las bases morales, médicas y filosóficas de la sociedad de su época, avanza a tientas, no sin temor, en el oscuro laberinto de la psique humana. En aquel recorrido que constituyó el esfuerzo de la mitad de su vida, y que necesitó de toda la fuerza de su pasión, Freud no vaciló nunca en hacer suya alguna deducción que se le revelara como prometedora de una verdad, aunque ello le significara la pérdida de su reputación, de los logros obtenidos en el curso de su trabajo; reformulaciones de su propia teoría; la ruptura con maestros, amistades y muy queridos discípulos. En el tortuoso proceso de la genealogía del concepto del inconsciente, Freud vivió la burla, el desprestigio, el señalamiento, la soledad y el desasosiego. Por su incansable pasión y su inquebrantable insistencia en llevar hasta las últimas consecuencias un convencimiento racional, por el corte epistémico que significó su trabajo y por la instauración de un nuevo concepto de ser humano, por todo ello los invitamos a que nos acompañen en la conmemoración de la muerte de aquel hombre que nos dejó el regalo de su conquista: descubrir la condición de sujeto que a todos nos constituye, aquélla que nos revela escindidos, contradictorios, habitados también por lo peor, esa condición que nos singulariza, nos incomunica, y nos dignifica.

Santiago Piedrahíta
Daniela Cardona
Miembros del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)

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