La democracia en Colombia: entre la represión y la negación del conflicto (A 70 años del Bogotazo)

La democracia en Colombia: entre la represión y la negación del conflicto (A 70 años del Bogotazo)

Colombia, a diferencia de otros países latinoamericanos, al tiempo que se ha podido jactar de haber contado con una democracia estable y duradera en los últimos cien años de su historia, ha querido negar, como quien barre el polvo y lo deposita debajo del tapete, la represión continua sobre la que ha erigido sus bases. En esta extraña mezcla de democracia y represión, represión que en algunos períodos ha llegado hasta el exterminio, Colombia se ha visto obligada a mostrar dos caras: dos caras de una misma moneda que se establecen de manera diferenciada en su propio territorio, pues muchos de los habitantes de sus ciudades no podrían dar testimonio de un conflicto interno y la mayoría de los habitantes de su campo no cuentan sino con esa certeza.
Gaitán, a quien queremos hacer homenaje en esta conversación, fue testigo de esas dos caras de Colombia, pues fue al interior de las mismas instituciones democráticas de la época desde donde denunció los abusos del gobierno sobre los sectores subalternos. Y en un intento por acabar con aquellas injusticias llevó el conflicto social a unas instancias que parecían revolucionarias, pues la movilización social que logró convocar en torno suyo, que pedía una reforma política y económica del todo nuevas, desbordaba los reducidos límites de la vieja democracia. Con su asesinato, el 9 de abril de 1948, el conflicto, la protesta, la inconformidad de los sectores subalternos que se sublevaron aquel día, no pudieron volver a ser encerrados en los viejos marcos del bipartidismo; por más que a través de una oleada represiva se intentara, las condiciones objetivas habían cambiado y el país ya no podría ser el mismo.
En esta conversación, a la que los invitamos cordialmente, estaremos de cara a los hechos que se desprendieron del asesinato de Gaitán: el inicio del conflicto armado en Colombia, una guerra interna que duraría más de 50 años y de la que aún existen secuelas; un aumento en el hermetismo y la marginación política; una contrarreforma agraria mediante la recomposición violenta del campo; un período que fue expresión y agudización de las problemáticas sociales, a las que el establecimiento no les ha hecho frente sino desde la miope visión que sólo deja vislumbrar como solución la represión o la negación del conflicto.

Santiago Piedrahita 
Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta

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