La Revolución francesa y sus insistentes ideales: libertad, igualdad y fraternidad (A 230 años de la Revolución francesa)

La Revolución francesa y sus
insistentes ideales:  libertad,
igualdad y fraternidad
(A 230 años de la Revolución
francesa)

En la obra póstuma e inconclusa del gran historiador francés Marc Bloch, Apología para la historia o el oficio de historiador, éste intenta responder a la, sólo en apariencia, sencilla pregunta: ¿para qué sirve la historia? Bloch, con una irónica sinceridad, empieza su indagación reconociendo que, en primera instancia, la historia sirve para gozar. Un elemento tan evidente no podría ser refutado, por lo menos lo es para aquellos a los que nos apasiona la historia, incluso para los que no la tenemos por oficio. Pero si es obvia la sensación de satisfacción menos evidente es su origen, ¿de dónde proviene el goce estético que proporciona la historia? El historiador francés señalará que aquél procede, precisamente, del particular objeto de esta disciplina, a saber: «el espectáculo de las actividades humanas», que «más que ningún otro está hecho para seducir la imaginación de los hombres. Sobre todo cuando, gracias a su alejamiento en el tiempo o en el espacio, su despliegue se atavía con las sutiles seducciones de lo extraño».

Y es que la historia le permite al ser humano —único ente capaz de salir de sí— hacer uso de su sensibilidad para reconocerse en lo más extraño, en las variadas y diversas formas que la humanidad puede darse; le permite hacerse a unos ojos para la otredad que constituyen, por ejemplo, los hombres y las mujeres de la Revolución francesa, esos otros con los que se puede identificar en sus luchas, en sus sufrimientos, en sus deseos y en sus entusiasmos. El lector de la historia se “transforma” así en las mujeres de los barrios y los arrabales de París, marchando a Versalles en medio de la lluvia y el barro para exigir pan a su rey; se “convierte” en los obreros que tomaron La Bastilla poniendo el pecho a las balas que caían desde sus almenadas torres; hace eco de Bailly anunciando a viva voz al emisario del rey que “la nación reunida en asamblea no puede recibir órdenes”; se “torna” Roberspierre frente a la guillotina contemplando el final de su vida y el de la República por la que tanto luchó. Pero de aquella primera atracción sobre nuestra sensibilidad, también brota una satisfacción para nuestra inteligencia, pues esa otredad que se nos presenta como lo más lejano, sin embargo nos constituye; aquél que va a la historia descubre sus deudas, se reconoce pisando huellas, descubre que su vida es menos individual de lo que cree, la reconoce transpersonal, social, histórica; aquel que se sumerge en los ideales de la Revolución francesa descubre la razones que inclinan su corazón a la izquierda, el origen de su ímpetu por defender la libertad, se le devela por qué le es insoportable la desigualdad, y por qué enarbola que existan lazos de solidaridad entre los seres humanos.

Con el ánimo de compartir con ustedes la sensibilidad y la inteligencia que nos promete la evocación de la Revolución francesa les invitamos a que nos acompañen el próximo miércoles 17 de julio a conmemorar aquel hecho histórico que cumple 230 años; conmemoración que hará énfasis en las ideas que fundaron aquel proyecto político que tenía por ideales la libertad, la igualdad y la fraternidad.

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Santiago Piedrahíta
Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)

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