La universidad como sistema de prohibición del deseo y el pensamiento propios – Carlos Mario González

…dicho estudioso, exclusivamente especialista, es semejante
al obrero de una fábrica, que durante toda su vida no hace
otra cosa que determinado tornillo y determinado mango,
para determinado utensilio o determinada máquina, en lo
que indudablemente llegará a tener increíble maestría (…).
La «fidelidad en los detalles», la «fidelidad del recadero»,
se convierten en temas de ostentación, y la falta de cultura,
fuera del campo de especialización, se exhibe como señal
de sobriedad.
—Nietszche

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Carlos Mario González propone en su texto La universidad como sistema de prohibición del deseo y el pensamiento propios una mirada crítica a la universidad de nuestro tiempo, en tanto forma de institucionalización del conocimiento de la que se ha dotado el capitalismo para obtener dos necesarios efectos encaminados a garantizar su reproducción: de un lado, la formación de un profesional que debe reunir tres atributos, a saber: idoneidad, responsabilidad y docilidad; y de otro, un individuo que acepte pasivamente ser objeto de una formación monstruosa que termina haciendo de él alguien que sabe cada vez más de cada vez menos o, para decirlo de otra manera, alguien hipertrofiado en un detalle y, simultáneamente, atrofiado en todo lo demás que no tenga que ver con su condición de trabajador, es decir, ignorante en lo concerniente a su ser y a su vida personal y colectiva, un sabio-bárbaro. El recurso para lograr este profesional competente, adaptado y domesticado es el de una modalidad de educación que en sus formas, diseños y metodologías desconoce al sujeto en las do dimensiones más propias de sí: el deseo que lo habita y el pensar como rasgo propio.