Negar la muerte es negar la vida

Negar la vida es
negar la muerte (Un diálogo
con Zuleta sobre la muerte
de Iván Ilich)

La muerte de Iván Ilich es una fundamental invitación a pensar la muerte no como un suceso separado de la vida, ni como un hecho que sucede al «final» —y por eso en última instancia inasible—, sino como una posibilidad de la existencia misma: la más propia de todas, en donde ningún otro nos puede reemplazar, pues nadie puede morir por nosotros. Desde el título de la novela —que nos anuncia de una vez el tema—, hasta en el orden narrativo —que tiene al funeral de Iván por comienzo de la obra—, Tolstoi dispone al lector a pensar la muerte desde esta nueva perspectiva. No se trata de saber si Iván morirá o no, cuáles serán las causas orgánicas del hecho, qué hay más allá de su muerte o, incluso, cuándo sucederá, misterios todos que llevan la mirada sobre la muerte muy lejos, cuando siempre se la tiene tan cerca; el dato que falta y que se vuelve la intriga de cualquier narración, saber si el personaje principal muere o no, Tolstoi lo regala desde el primer momento para ubicar la muerte no al final sino en el inicio: en la vida misma. La invitación se sigue construyendo, nuevamente desde el principio, gracias a la presentación de las formas en cómo los allegados a Iván se relacionan con su muerte: con indiferencia, ambición, interés personal, desatención, en suma como algo externo a ellos; posturas todas que presentan ya una misma actitud ante la muerte —y la vida—, que es la que explora la novela y caracteriza nuestra época: la negación de la misma; y exhortan al lector a indagar inmediatamente por cómo hizo Iván Ilich la vida para merecer tal muerte, es decir, una desatendida, olvidada y despojada de importancia, que no signifique una pérdida irremplazable en los suyos, una posibilidad ya nunca realizable, una verdadera muerte. De esta forma, aunado a lo ya referenciado con el título y la narración, León Tolstoi termina por establecer, desde el primer capítulo, una pregunta ética que relaciona la vida y la muerte de Iván Ilich. Esa pregunta es, pues, la que queremos abordar en la conversación pública que tendremos este miércoles 16 de septiembre a la 6:30 p.m.: una que indaga por las formas en que Iván hizo la vida y la relación que se establece entre éstas y su posición ante la muerte, pregunta que nos atraviesa también a nosotros como época y que nos llevará a formular otras tantas como: ¿qué efectos tiene este no darle lugar a la muerte en la existencia propia y en los vínculos con los otros?, ¿por qué una verdad tan evidente como la muerte propia, sin embargo, se tiende a ocultar tanto?, ¿qué condiciones son necesarias para que tal verdad sea aceptada?, ¿sobre qué valores se pone la vida como para que en ellos no tenga lugar la muerte? Éstas y otras trazarán el camino de la conversación a la que cordialmente les estamos invitando y en la que esperamos nos puedan acompañar.

Santiago Piedrahita
Miembro del CEEZ
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¿Qué significa leer para Estanislao Zuleta?

¿Qué significa leer
para Estanislao Zuleta?

Entre lo mucho que tiene de rescatable la figura de Estanislao Zuleta, resalta el ser un gran lector, no sólo de literatura —que se ha vuelto, lastimosamente, la parte que opaca el conjunto—, sino del marxismo, el psicoanálisis, la filosofía, entre otros saberes. Zuleta, que habla para un público diverso, sin aspiraciones académicas, es capaz de transmitir la profundidad de una obra y trazar puentes con ella que el lector deseoso de aprender puede intentar cruzar. En lo que es la combinación de una posición ética y política frente a los saberes, sus lecturas e interpretaciones las presenta de un modo tal que el lector termina por deshacerse de los prejuicios que le impiden siquiera acercarse a las grandes obras del pensamiento y la literatura. La mencionada posición ética consiste en tomar los saberes como medios para pensar la vida, no fines en sí mismos o adornos narcisistas, que se suma a una «deuda de amor», para utilizar la expresión de Steiner, con los autores que le son fundamentales, todo lo cual termina por traducirse en una transferencia, en un contagio de ese mismo sentimiento en aquellos que le leen. La posición política, en consonancia con lo anterior, buscaba la cualificación cultural de la sociedad que tanto pensó, propendiendo por fomentar el acceso a esos mismos saberes que sabía no eran neutrales sino fundamentalmente críticos del orden establecido; oponiéndose de este modo a las prohibiciones que las instituciones escolares mantienen sobre dichos saberes. Pero, ¿qué significa leer para Estanislao Zuleta? En un texto muy conocido suyo, «Sobre la lectura», varios han afirmado que se puede rastrear su «método» de lectura, sin embargo, consideramos que en este ensayo se presentan, más que una suerte de caminos a seguir, las condiciones de posibilidad para hacer una lectura propiamente dicha —que sea un ejercicio del pensamiento y no una glotonería informativa—, y en consecuencia las amenazas y obstáculos que penden sobre ese difícil ejercicio lector, obstáculos que Zuleta, como conocedor de Nietzsche, Marx y Freud, no ubica únicamente en el campo de la racionalidad, que también, sino principalmente en el de la ideología y del inconsciente y en lo que podríamos llamar «una cobardía existencial». Con el ánimo de profundizar en las reflexiones que nos dejó este gran intelectual colombiano, de rescatar el importante legado que para la cultura significan sus reflexiones e interpretaciones, queremos invitarles a que nos acompañen, el miércoles 19 de agosto a las 6:30 p.m. a través del Facebook del CEEZ, en una conversación que indague por la pregunta ¿qué significa leer para Estanislao Zuleta? Una conversación que intentará mostrar, en contraposición a las interpretaciones que desarticulan la lectura en Zuleta de la complejidad de su pensamiento, cómo en el ejercicio lector que realiza y defiende este pensador existe ya una fundamental articulación de este aspecto con su posición política e intelectual.

Santiago Piedrahita
Miembro del CEEZ
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La existencia como lucha entre el proyecto y la náusea (Conversatorio sobre La náusea de Jean Paul Sartre)

La existencia como lucha
entre el proyecto y la
náusea
A propósito de La náusea
de Jean-Paul Sartre

Estanislao Zuleta, en el marco de una de sus lúcidas charlas en torno a La náusea, señalaba que en la novela de Jean-Paul Sartre se dan dos movimientos que están en íntima relación. El primero es un intento de terapia personal, en el que el filósofo y literato francés busca salir de un estado de ánimo muy próximo a la psicosis; el segundo es un ataque en el campo de la crítica social contra los valores y concepciones de su época. Esta obra de 1938, en ese primer movimiento que señala Zuleta, realiza una exploración de la condición humana centrada en uno de sus elementos más problemáticos: el de nuestra particular forma de existencia, forma a la que, sólo desde hace muy poco, se le ha puesto en duda su sentido, pues se ha llegado a afirmar que a ésta la constituyen la gratuidad y la contingencia, y ya no es más la realización de una previa esencia dictada por un discurso ultramundano, situación que deja entonces la responsabilidad a cada cual de forjar su propio proyecto, su propio sentido, uno que estaría siempre sostenido sobre ese telón de fondo que es la contingencia y que, por ende, siempre sería perdible e inacabado. En el segundo movimiento, que se da en relación con el primero, se lleva a cabo una denuncia en torno a las variadas formas en las que el ser humano, en la civilización burguesa, huye a la pregunta por el sentido de su vida, dándole la espalda a esa particular forma de existir a la que nos hemos referido, dotándose de sentidos prestados e impuestos por la sociedad que le alivian su angustia y lo ayudan a olvidarse de su propia muerte.
En esta primera conversación de Pensar lo humano, queremos invitarles pues a que nos encontremos en torno al abordaje de esta gran obra. Abordaje que recorrerá estos movimientos que hemos referido, los cuales, como intentaremos hacer ver, no han perdido vigencia y siguen hablando de nosotros, pues la pregunta sigue siendo valida y más vigente que nunca, y más en tiempos donde el modelo de civilización burguesa con los modos de vida que impone vacía cada vez más de sentido la existencia de sus individuos, y porque en la actualidad los mecanismos para eludir el compromiso con la propia existencia que denuncia Sartre no han hecho sino profundizarse y sofisticarse.

Santiago Piedrahita
Miembro del CEEZ
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A 30 años de la muerte de Estanislao Zuleta

A 30 años de la muerte de Estanislao Zuleta, publicamos el prólogo del noveno número de los Cuadernos del CEEZ para la Reflexión y la Crítica, el cual fue dedicado por su año conmemorativo al pensador colombiano.

 

El 17 de febrero de 1990 el corazón de Estanislao Zuleta detuvo su comprometida marcha de 55 años. En este 2020 se cumplen 30 años de su ausencia física y, sin embargo, la fuerza espiritual de sus ideas superó ese ineludible hecho material que condena a nuestro cuerpo, y por ende a nuestro ser, a su mortal condición. Pocos hombres alcanzan este mérito: las reflexiones de Zuleta siguen valorándose más allá del tiempo en que le correspondió vivir; amigos, familiares, conocidos, discípulos y estudiantes, continúan rememorando la impronta que en su ser dejó su palabra y su particular forma de estar en el mundo. Pero sumados a ellos —y tal vez en esto se calibre verdaderamente el mérito del que estamos hablando—, personas e instituciones que no le conocimos (maestros, líderes y organizaciones sociales, entre otros) reconocemos en Estanislao un referente para pensar las problemáticas de nuestra existencia, de nuestro tiempo y de nuestro país.

Ahora bien, ¿qué ha hecho esto posible? Podríamos encontrar algunas respuestas en las virtudes que resaltan de Zuleta los autores reunidos en este número. José Zuleta en su artículo «Notas de una época y de unos amigos» destaca la apasionante relación de Estanislao con la lectura y su empeño por transmitir a otros la posición que tenía frente a los textos. Su oficio de lector, nos recuerda José, partía de una gran sensibilidad por la existencia, por esas «luces y sombras» que la atraviesan y que en los libros se hacen objeto de indagación. Estos libros, que eran tomados por Zuleta como herramientas de trabajo y que ponen bajo sospecha valores, concepciones y estructuras ideológicas con las que se venía haciendo la vida, encontraban en él un lector lo suficientemente valiente como para transformarse en consecuencia, así como un lector generoso que, sabiendo de la deuda que ha cobrado con sus amados autores, se dispone «a transmitir a otros la calidad y la fuerza de [su] experiencia». Eduardo Gómez, por su parte, en su texto «Estanislao Zuleta: algunos aportes de su pensamiento», subraya, por una lado y al igual que José, esa forma de Estanislao deinterrelacionar vida y pensamiento en su actividad como lector e investigador, valiéndose para ello del reconocimiento de que somos seres en falta, de que es nuestra carencia de ser, y por ende nuestra pretensión de ser, la que hace de nosotros el ente que pregunta, y, por otro, de grandes saberes de la cultura tales como el marxismo, el psicoanálisis, la filosofía, la antropología y la literatura. Estanislao convocó a quienes fueron sus maestros (Marx, Mann, Nietzsche, Freud, etc.) para que le ayudasen a lograr algún entendimiento de los conflictos que lo atravesaban y lo superaban. Empero, supo que una mala relación con los maestros puede hacer de éstos un taponamiento para la falta primera de nuestro ser, pues pasan de ser posibilidad para la elaboración creativa de los propios conflictos a ser refugio contra los mismos, por eso nunca los tomó como palabra sagrada; comprendía que aquello que impele al pensamiento —el no saber— muere en el dogma. Finalmente, Alberto Valencia en su texto «Guerra, Paz y Democracia en la obra de Estanislao Zuleta» resalta una enseñanza fundamental que éste nos dejó y que no deja de ser actual para Colombia: hacer de la democracia una forma de vida, que tenga como horizonte «la construcción de una dialéctica entre igualdad y diferencia que haga posible que las desigualdades no se conviertan en factores de dominación». Zuleta entendió que es necesario reconocer las desigualdades económicas y sociales presentes entre los seres humanos, que hacen expresión, por ejemplo, en el género y la clase y que coartan el ejercicio de las libertades y el goce efectivo de los derechos; un reconocimiento indispensable para enarbolar como bandera la supresión de esa desigualdad, pero no de las diferencias subjetivas y políticas que puedan manifestarse por un individuo o una colectividad, y que necesitan de la reciprocidad propia del diálogo y la razón para que puedan expresarse y tramitarse.

Pero si bien el valor de la obra de un pensador es un elemento necesario para que trascienda su propia muerte, es decir, para que sus postulados sean vigentes en el tiempo posterior a ella, no basta con esto para que ese valor siga vivo entre quienes le sobrevivieron y entre las generaciones que no le conocieron; para ello, por lo menos, se necesita de otras tres condiciones (transmitidas como imprescindibles por el profesor Carlos Mario González) y que pueden nombrarse de la siguiente manera: el soporte material de la obra, la identificación por parte de otros con la postura del pensador y una fuerza organizativa que haga suya la tarea política de estudiar, revisar, desarrollar, defender y divulgar dicha obra. Con la primera condición no queremos manifestar otra cosa que el agradecimiento a quienes se han puesto en la labor de transcribir y editar las conferencias que Estanislao Zuleta ofreció, pues para aquellos que no pudimos recibir su magisterio de forma presencial, su palabra editada e inédita nos resulta toda una oportunidad para beber de sus reflexiones. La segunda condición señala la necesidad de que la posición de Zuleta ante el conocimiento y la vida halle resonancia en otros; las ideas de un pensador por brillantes que sean pueden morir en los anaqueles de una biblioteca si éstas no encuentran lectores con la osadía de re-crear su existencia y su posición ante el mundo a partir de las interrogaciones que propicien aquéllas. Bien lo dice Eduardo Gómez en el texto que publica en este número: «El pensamiento por lúcido que sea, necesita proyectarse en una praxis que es la medida verdadera de hasta qué punto se ha comprendido». En el caso de Zuleta, a más de que su palabra invite a hacer del conocimiento una posibilidad de interrogación de «las relaciones de todo tipo: sexuales, políticas, económicas, clasistas», exhorta a reconocer que dicha interrogación para que sea radical o, por lo menos, tienda a ello, necesita de una relación compleja con el saber y de una implicación fundamental con éste a partir de problemáticas sociales y subjetivas que realmente nos duelan en el fondo de nuestro ser. A propósito de esto dice el mismo Estanislao: «… ningún saber es el resultado de la posición de un sujeto neutral, sino la sistematización progresiva de una lucha contra una fuerza específica de dominación: contra la explotación de clases y sus efectos en la conciencia; contra la represión; contra las ilusiones teológicas, teleológicas o subjetivistas sedimentadas en la gramática y en la consciencia ingenua del lenguaje. Nadie ha llegado a conocer el marxismo, si no lo ha leído en una lucha contra la explotación; ni el psicoanálisis si no lo ha leído y sufrido desde un debate con sus problemas inconscientes»1 . Esa relación compleja con el conocimiento busca generar las articulaciones necesarias entre diferentes saberes para pensar un problema común, sabiendo de la particularidad de sus objetos de análisis, pero reconociendo también de los aportes —sea para complementarse o rebatirse— que pueden hacerse entre ellos. Por ejemplo, Alberto Valencia muestra muy bien en su texto que la concepción que tiene Zuleta de la democracia parte de una lectura crítica de Marx, que lo lleva, por un lado, a validarlo, pues concuerda con éste que la democracia, en su versión liberal, se reduce a una lucha por las libertades democráticas mientras defiende la desigualdad, los privilegios y la dominación en las dimensiones social y económica, y, por otro, a distanciarse del pensador de Tréveris, pues Zuleta no considera a la democracia como un elemento transitorio de la historia, sino una conquista humana que, aunque frágil, cualificable y siempre difícil, se acerca más a una posibilidad real de que se respete la diferencia y se cualifique el constitutivo conflicto humano y el subsecuente conflicto social. Valencia muestra que esta distancia de Zuleta con Marx, al afirmar una concepción positiva de la democracia, se hace posible gracias a la concepción de la condición humana que aquél había construido con el aporte del psicoanálisis y la literatura. Es, pues, una mirada compleja del problema de la democracia la que lleva a Zuleta a reconocer que no hay un campo epistémico que lo agote, sino que cada saber funge como herramienta para penetrar mejor en el problema que se tenga entre manos. Finalmente, la tercera condición nos lleva a reconocer que no es suficiente con las dos anteriores si no se encuentran formas de transmisión, diseñadas y agenciadas por alguna institución, que mantengan viva la obra de un pensador. El legado de Freud y Lacan, por ejemplo, permanece vivo, no sólo gracias a la genialidad de éstos ni a la validez de sus formulaciones teóricas, tampoco al hecho de que hayan tenido discípulos identificados con su postura, sino por el papel desempeñado por instituciones no oficiales, que han defendido sus enseñanzas y, aún más, que han controvertido cuando se considera que otros —también institucionalizados— tergiversan sus postulados sobre el psiquismo humano. En nuestros días sigue siendo hegemónico que las instituciones educativas oficiales sean las encargadas de seleccionar y organizar las modalidades de transmisión de los pensadores y los saberes, y los objetivos que con ello se persigue. La institucionalización oficial de la relación con el conocimiento marca, en concordancia con un sistema capitalista que se sirve de ella, los sentidos existenciales, sociales y económicos que se le da a esa relación, sentidos que, en el caso de la universidad, fueron fuertemente criticados por Zuleta. Esta relación de la transmisión con la institución y de ésta con el poder, nos exige pensar formas de auto-institucionalización que se contrapongan a las oficiales y que luchen por defender a Zuleta de los detractores e intérpretes que pretenden esquilmarle lo que tiene de crítico y complejo. En este orden de ideas, es necesario que una institución no oficial se ponga en la labor de defender la posición intelectual de Estanislao Zuleta, sin que se vea amarrada por conflictos de intereses a la hora de sacar toda la potencia crítica que éste tiene contra una civilización que cada vez se torna más decadente; es menester que la institución que recepcione y transmita dicho legado intelectual se relacione complejamente con el saber y promueva tal relación; es fundamental que siga haciendo del marxismo, el psicoanálisis, la filosofía, la literatura, etc., herramientas para pensar la vida personal y colectiva, y que actúe en la sociedad en consecuencia.
El Centro de Estudios Estanislao Zuleta, que dedica este número al pensador que le nombra, circunscribe su acción, de manera modesta pero decidida, en esa forma de la auto-institucionalización, buscando desde allí, como ya se ha dicho, transmitir un legado intelectual que nos convoca a ser críticos radicales con el modo de producción capitalista y con los efectos que éste produce sobre la humanidad; a defender una concepción positiva de la democracia y del conflicto; a concebir los libros como objetos de trabajo y goce; a encontrar en el arte y la filosofía una herramienta esencial para la vida, que incite a hacer propia aquella consigna de Kant que reza: «Atrévete a pensar».

Estanislao Zuleta, Elogio de la dificultad y otros ensayos (Bogotá: Taller de Edición Rocca, 2017), 217-218.

Daniela Cardona y Santiago Piedrahita
Miembros del Centro de Estudios Estanislao Zuleta

¿Qué hace vigente el legado intelectual de Estanislao Zuleta? (A 30 años de su muerte y a 85 de su nacimiento)

¿Qué hace vigente el legado intelectual de Estanislao Zuleta? (A 30 años de su muerte y a 85 de su nacimiento)

El 17 de febrero de 1990 el corazón de Estanislao Zuleta detuvo su comprometida marcha de 55 años. En este 2020 se cumplen 30 años de su ausencia física y, sin embargo, la fuerza espiritual de sus ideas superó ese ineludible hecho material que condena a nuestro cuerpo, y por ende a nuestro ser, a su mortal condición. Pocos hombres alcanzan este mérito: las reflexiones de Zuleta siguen valorándose más allá del tiempo en que le correspondió vivir; amigos, familiares, conocidos, discípulos y estudiantes, continúan rememorando la impronta que en su ser dejó su palabra y su particular forma de estar en el mundo. Pero sumados a ellos —y tal vez en esto se calibre verdaderamente el mérito del que estamos hablando—, personas e instituciones que no le conocimos (maestros, líderes y organizaciones sociales, entre otros) reconocemos en Estanislao un referente para pensar las problemáticas de nuestra existencia, de nuestro tiempo y de nuestro país. Ahora bien, ¿qué ha hecho esto posible?, ¿qué hace vigente el legado intelectual de Estanislao Zuleta? Para responder a estas preguntas les invitamos a que nos acompañen a este coloquio, en el que conversaremos con José Zuleta, el hijo de Estanislao Zuleta, quien ha dedicado ingentes esfuerzos para la edición de la obra de su padre; con Alberto Valencia, amigo de Zuleta al final de su vida, conocedor y estudioso de la obra de éste y, junto con José, recopilador y editor de la obra de dicho pensador; y con Eduardo Gómez, amigo entrañable de Zuleta, y también conocedor de su obra. La moderación de esta conversación estará a cargo de Daniela Cardona Gómez, quien es la directora del Centro de Estudios Estanislao Zuleta.

Este coloquio se hará en el marco de Diálogos en la ciudad, modificando para esta ocasión lo que ha sido el formato habitual de este proyecto.


Atentamente,
Centro de Estudios Estanislao Zuleta
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Para ser soberana de sí se necesita una habitación y una economía propias (A 90 años de la publicación de Una habitación propia de Virginia Woolf)

Para ser soberana de sí se
necesita una habitación y una
economía propias
(A 90 años de la publicación
de Una habitación propia)

Nada fácil fue que las mujeres tomasen la pluma y el papel; aún más, que hicieran de la escritura una expresión de su soberanía. Se consideraba innecesario que aprendieran a leer y a escribir: «¿Para qué hacerse a esas herramientas del espíritu, a ese lenguaje social, si las mujeres estaban destinadas a la servidumbre de la especie?», decía así la mentalidad hegemónica que buscaba sostener la jerarquía entre los géneros. Poder plasmar las voces de nuestro ser sobre ese lienzo en blanco, dejar para otros nuestra interpretación sobre el mundo, fue y ha sido una larga conquista. De ser la escritura una actividad de deleite para algunas aristócratas (¡que se embellecieran con esa actividad era el mandato de los hombres¡); de ser la escritura para otras de ellas un grito inicial de denuncia —ridiculizado y sepultado por la crítica masculina— respecto a las situaciones de opresión vividas por las mujeres; de ser la escritura una enseñanza para las burguesas o pequeño burguesas que se perfilaban como educadoras del nuevo ciudadano; de ser, en fin, la escritura —o de convertirla en ello— una estrategia para perpetuar el eterno femenino, se transformó, gracias a la valentía de muchas mujeres, en un arma fundamental para minar esa estructura social que las distancia de sus deseos y de su autonomía. Las mujeres escritoras introdujeron, pues, esta ruptura alumbrando sus situaciones particulares, mostrando las tristezas y los tormentos de su cotidianidad que se desprendían de una vida que se repetía y se ahogaba en la impotencia; las mujeres escritoras acentuaron mucho más ese quiebre cuando hicieron de la literatura un espacio para develar las relaciones sociales que sostenían y reproducían ese orden de cosas, pero no una literatura para la denuncia o la moralización —dejaría de ser literatura—, sino una literatura, cuya forma artística lograba introducir la sospecha en torno a lo establecido y disponer a hombres y mujeres a la interrogación de sus roles en el seno de la sociedad; las mujeres concretaban esa ruptura haciendo suyo el poder de la escritura, situándose como sujetos que podían entender y explicar —ya desde tantos saberes y teorías— las razones históricas y sociales que vedaban su camino hacia su propia soberanía, hacia una palabra propia, que necesitaba para su florecer, precisamente, de esas herramientas del espíritu.

La conmemoración de los 90 años de Una habitación propia de Virginia Woolf será la oportunidad para pensar la aventura de las mujeres en la escritura, cómo ésta fue una herramienta muy significativa para conquistar la tan anhelada independencia, cómo este arribo necesitaba de una autonomía económica y de transformar el mundo privado —que era encierro y custodia sobre sus cuerpos y sus mentes— en una espacio propio, al que se llegaba después de haber bebido del mundo de afuera; una habitación propia en la que se defendía una soledad creativa, en la que la palabra se preparaba para salir a la luz con toda su fuerza interrogadora y con toda su capacidad de transformación.

Los y las invitamos a que nos acompañen en esta última conmemoración del año, como homenaje a ese esplendoroso texto de la escritora inglesa, como recordación de esa lucha emprendida, e insistente, para lograr un vínculo potente entre las mujeres y la palabra.

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Daniela Cardona
Directora del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)
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Comunicado público del CEEZ sobre Conmemoremos

Queremos informar a la ciudadanía que a partir del año 2020 ofreceremos un nuevo ciclo de conversatorios llamado Pensar lo humano; el cual presentaremos en sustitución de Conmemoremos, actividad cultural que hemos venido realizando los terceros miércoles de cada mes en el auditorio Torre de la Memoria de la Biblioteca Pública Piloto, desde febrero del 2017 y que llegará a su término en noviembre del 2019. Pensar lo humano se llevará a cabo en el espacio que fue usado por Conmemoremos durante los años de su realización.
El propósito que animó a Conmemoremos de abordar públicamente asuntos y problemas concernientes a la vida social, a la filosofía, a la política, a la subjetividad, al arte y, por tanto, a las personas de carne y hueso, permanecerá en Pensar lo humano, ya no como dependiente de determinada efeméride —lo cual no implica dejar de recurrir al saber histórico cuando éste sea necesario—, sino apostado a la reflexión específica en torno a dichos asuntos y problemas, en aras de que las preguntas, la crítica y la búsqueda fundamental de comprensión que alrededor de ellos hemos decidido adelantar como proceso formativo, puesto en conversación frente a la ciudadanía, puedan tener el lugar central.
Agradecemos especialmente a quienes nos han seguido hasta el presente —presencial o virtualmente— con su asistencia y participación en Conmemoremos y los invitamos a que nos acompañen, mediando la escucha y la conversación, en Pensar lo humano.

La novela como examen del enigma de nuestra existencia (A propósito del texto Thomas Mann, la montaña mágica y la llanura prosaica de Estanislao Zuleta)

La novela como examen del
enigma de nuestra existencia
(A propósito del texto Thomas Mann,
la Montaña mágica y la
llanura prosaica

de Estanislao Zuleta)

Puede sonar melodramático pero, igual, lo diré: la novela, ese maravilloso invento de la modernidad tan necesario para que el individuo de nuestra época pueda hacerse cargo de su compleja existencia, corre el peligro de desaparecer y, con ello, perderíamos un soporte decisivo para el conocimiento y el sentimiento de lo que somos y del mundo de la vida. Y que nadie se llame a engaño evocando la profusa oferta de historias narradas que colman las librerías o el sinfín de premios literarios patrocinados por las grandes editoriales o la galería de autores de moda que desfilan por las pasarelas culturales bien pagados de su mediática fama, pues tanta narración apta para el consumo de descanso de fin de semana y tanta figura de postín que hoy abunda a nombre de la literatura no contradicen lo que afirmo sobre el peligro que nos acecha del fin de la novela, al contrario, lo confirman, pues dos de los enemigos letales de ésta lo son, precisamente, el consumismo acrítico de novedades y el culto servil a los famosos. Consumismo y fama se suman a otros dos funestos enemigos de la novela: la voluntad imperante de sólo decir lo que el otro quiere escuchar o, dicho a la inversa, de no querer escuchar sino lo que lo confirma a uno, y, cuarto enemigo, la propagada negativa a pensar. Historias entretenidas, docilidad ante los famosos, discurso políticamente correcto y negación a pensar, configuran un entramado que le resta el oxígeno a la novela, la cual llegó hasta nosotros, precisamente, con el propósito opuesto, tal como lo dijeron dos pensadores que sí supieron para qué estaba la novela en el mundo: Walter Benjamin: «El lugar de nacimiento de la novela es el individuo en su soledad (…) que carece de orientación y que no puede dar consejo alguno»; y Estanislao Zuleta: «Para que haya novela es necesario que el sentido de la vida del individuo no esté designado de antemano».
Pues bien, les invito a que nos encontremos para presentar ante ustedes lo que creo que es una forma de defender y preservar la novela en sus sentidos más propios: como forma de conocimiento y como recurso de elaboración del sentimiento. Por último, decirles que en la presentación de las ideas que quiero ofrecer, buscaré apoyo en La montaña mágica, de Thomas Mann, y en el extraordinario estudio crítico que Estanislao Zuleta hizo de esta extraordinaria novela.

                   
Carlos Mario González Restrepo.
Codirector del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)
Profesor de la Universidad Nacional
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Los escombros de una revolución fallida (A 30 años de la caída del Muro de Berlín)

Los escombros de una
revolución fallida
(A 30 años de la caída
del Muro de Berlín)
El muro de Berlín se construyó en 1961 con la intención de evitar el debilitamiento, a causa de la fuga de la población, del socialismo en la República Democrática Alemana, sin embargo no fue más que una contribución a erigir su propia ruina. De ser la promesa de la emancipación humana a comienzos del siglo XX, al término de éste la imagen del ideal socialista quedó degradada a su antítesis: formas de opresión y totalitarismo que condujeron a la esclerosis y al declive de los países que acogieron el propósito de superar el primado del capital. El muro de Berlín es una manifestación de tal degradación, su caída en 1989 —con todo lo que simboliza— a manos de quienes rechazaban la burocracia socialista para acogerse a la enajenación capitalista en abandono de toda esperanza utópica, hace parte de sus consecuencias. En aras de reflexionar críticamente sobre las causas, los significados y lecciones para nuestro tiempo de este acontecimiento que señaló para el siglo XXI la crisis de los ideales que dieron sentido a la vida de millones de personas en el siglo XX, los invitamos cordialmente a encontrarnos de nuevo en Conmemoremos.
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Mateo Cañas
Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)
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El arte como re-creación de nuestra humanidad. (A propósito del texto Arte y Filosofía de Estanislao Zuleta)

El arte como re-creación
de nuestra humanidad
(A propósito del texto Arte y
Filosofía
de Estanislao Zuleta)

Una insólita situación caracteriza a las sociedades occidentales de nuestra época, incluyendo, obviamente, a la colombiana: nunca como hoy la vida de cada cual y la del conjunto fue más compleja, contradictoria, abierta, incierta, esperanzadora, descorazonadora, generadora de posibilidades, suscitadora de frustraciones, en fin, nunca como en los días que corren el ser humano deambuló por la cornisa de la angustia que le traen las preguntas que, oscura o lúcidamente, formula en torno a su identidad y su destino, a sus vínculos afectivos, a los lazos de poder en que se inscribe, al sentido de su cotidianidad, al valor de su existencia, a su inexorable finitud, pero, y aquí radica lo insólito, esta desconcertada humanidad deja de lado, en general, los dos recursos por excelencia de que dispone para encarar sus dramáticos interrogantes: el arte y la filosofía. Nunca, como en nuestro tiempo, fueron más necesarios el arte y la filosofía, nunca fueron más menospreciados.

En Colombia tuvimos —sin apreciarlo aún en su verdadero valor— un pensador que aplicó su vida, su inteligencia y su amplio conocimiento al esfuerzo por propagar el valor del arte y de la filosofía en tanto herramientas decisivas para cuestionar las formas y los sentidos, los valores y las concepciones que rigen la vida social y la personal, en aras de realizar para éstas sus mejores posibilidades y de superar lo que las restringe e inhibe, en síntesis, un intelectual que reivindicó a lo largo de toda su vida el arte y la filosofía como imprescindibles potencias re-creadoras de la humana existencia, en sus dimensiones personal y colectiva, y quien lo hizo, siguiendo la enseñanza de los grandes maestros, como potencias que deberían ser un bien de todos para actuar a favor de un mejor destino y no restringidas a minorías que las elitizan y las esterilizan al volverlas simples ejercicios contemplativos y meros dispositivos de distinción personal. Ese pensador fue Estanislao Zuleta. Recuperar las enseñanzas suyas a este respecto, es proseguir el esfuerzo por destinar el arte y la filosofía a la ciudad, al ciudadano de a pie, a todos, en la perspectiva de que esos saberes operen como crítica de la cultura que constituimos y como fuerzas fundamentales para la transformación de ésta, valga decir, como potencias re-creadoras de nuestra humanidad.

La conferencia intentará explicar el lugar que tienen y el papel que juegan en el ser humano estas dos maravillas tan despreciadas actualmente; los temas de la belleza, la verdad y la perpetuación en la gran obra de arte; algunas de las más relevantes interpretaciones de la filosofía sobre el arte; las concepciones que sobre él forjaron Freud y Marx; y, por último, la conjugación de lo apolíneo y lo dionisíaco, según la mirada de Nietzsche, en la génesis de la obra de arte. Ojalá podamos encontrarnos aquel día y compartir esta reflexión.

                   
Carlos Mario González R.
Codirector del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)
Profesor de la Universidad Nacional
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