Para ser soberana de sí se necesita una habitación y una economía propias (A 90 años de la publicación de Una habitación propia de Virginia Woolf)

Para ser soberana de sí se
necesita una habitación y una
economía propias
(A 90 años de la publicación
de Una habitación propia)

Nada fácil fue que las mujeres tomasen la pluma y el papel; aún más, que hicieran de la escritura una expresión de su soberanía. Se consideraba innecesario que aprendieran a leer y a escribir: «¿Para qué hacerse a esas herramientas del espíritu, a ese lenguaje social, si las mujeres estaban destinadas a la servidumbre de la especie?», decía así la mentalidad hegemónica que buscaba sostener la jerarquía entre los géneros. Poder plasmar las voces de nuestro ser sobre ese lienzo en blanco, dejar para otros nuestra interpretación sobre el mundo, fue y ha sido una larga conquista. De ser la escritura una actividad de deleite para algunas aristócratas (¡que se embellecieran con esa actividad era el mandato de los hombres¡); de ser la escritura para otras de ellas un grito inicial de denuncia —ridiculizado y sepultado por la crítica masculina— respecto a las situaciones de opresión vividas por las mujeres; de ser la escritura una enseñanza para las burguesas o pequeño burguesas que se perfilaban como educadoras del nuevo ciudadano; de ser, en fin, la escritura —o de convertirla en ello— una estrategia para perpetuar el eterno femenino, se transformó, gracias a la valentía de muchas mujeres, en un arma fundamental para minar esa estructura social que las distancia de sus deseos y de su autonomía. Las mujeres escritoras introdujeron, pues, esta ruptura alumbrando sus situaciones particulares, mostrando las tristezas y los tormentos de su cotidianidad que se desprendían de una vida que se repetía y se ahogaba en la impotencia; las mujeres escritoras acentuaron mucho más ese quiebre cuando hicieron de la literatura un espacio para develar las relaciones sociales que sostenían y reproducían ese orden de cosas, pero no una literatura para la denuncia o la moralización —dejaría de ser literatura—, sino una literatura, cuya forma artística lograba introducir la sospecha en torno a lo establecido y disponer a hombres y mujeres a la interrogación de sus roles en el seno de la sociedad; las mujeres concretaban esa ruptura haciendo suyo el poder de la escritura, situándose como sujetos que podían entender y explicar —ya desde tantos saberes y teorías— las razones históricas y sociales que vedaban su camino hacia su propia soberanía, hacia una palabra propia, que necesitaba para su florecer, precisamente, de esas herramientas del espíritu.

La conmemoración de los 90 años de Una habitación propia de Virginia Woolf será la oportunidad para pensar la aventura de las mujeres en la escritura, cómo ésta fue una herramienta muy significativa para conquistar la tan anhelada independencia, cómo este arribo necesitaba de una autonomía económica y de transformar el mundo privado —que era encierro y custodia sobre sus cuerpos y sus mentes— en una espacio propio, al que se llegaba después de haber bebido del mundo de afuera; una habitación propia en la que se defendía una soledad creativa, en la que la palabra se preparaba para salir a la luz con toda su fuerza interrogadora y con toda su capacidad de transformación.

Los y las invitamos a que nos acompañen en esta última conmemoración del año, como homenaje a ese esplendoroso texto de la escritora inglesa, como recordación de esa lucha emprendida, e insistente, para lograr un vínculo potente entre las mujeres y la palabra.

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Daniela Cardona
Directora del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)
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Comunicado público del CEEZ sobre Conmemoremos

Queremos informar a la ciudadanía que a partir del año 2020 ofreceremos un nuevo ciclo de conversatorios llamado Pensar lo humano; el cual presentaremos en sustitución de Conmemoremos, actividad cultural que hemos venido realizando los terceros miércoles de cada mes en el auditorio Torre de la Memoria de la Biblioteca Pública Piloto, desde febrero del 2017 y que llegará a su término en noviembre del 2019. Pensar lo humano se llevará a cabo en el espacio que fue usado por Conmemoremos durante los años de su realización.
El propósito que animó a Conmemoremos de abordar públicamente asuntos y problemas concernientes a la vida social, a la filosofía, a la política, a la subjetividad, al arte y, por tanto, a las personas de carne y hueso, permanecerá en Pensar lo humano, ya no como dependiente de determinada efeméride —lo cual no implica dejar de recurrir al saber histórico cuando éste sea necesario—, sino apostado a la reflexión específica en torno a dichos asuntos y problemas, en aras de que las preguntas, la crítica y la búsqueda fundamental de comprensión que alrededor de ellos hemos decidido adelantar como proceso formativo, puesto en conversación frente a la ciudadanía, puedan tener el lugar central.
Agradecemos especialmente a quienes nos han seguido hasta el presente —presencial o virtualmente— con su asistencia y participación en Conmemoremos y los invitamos a que nos acompañen, mediando la escucha y la conversación, en Pensar lo humano.

La novela como examen del enigma de nuestra existencia (A propósito del texto Thomas Mann, la montaña mágica y la llanura prosaica de Estanislao Zuleta)

La novela como examen del
enigma de nuestra existencia
(A propósito del texto Thomas Mann,
la Montaña mágica y la
llanura prosaica

de Estanislao Zuleta)

Puede sonar melodramático pero, igual, lo diré: la novela, ese maravilloso invento de la modernidad tan necesario para que el individuo de nuestra época pueda hacerse cargo de su compleja existencia, corre el peligro de desaparecer y, con ello, perderíamos un soporte decisivo para el conocimiento y el sentimiento de lo que somos y del mundo de la vida. Y que nadie se llame a engaño evocando la profusa oferta de historias narradas que colman las librerías o el sinfín de premios literarios patrocinados por las grandes editoriales o la galería de autores de moda que desfilan por las pasarelas culturales bien pagados de su mediática fama, pues tanta narración apta para el consumo de descanso de fin de semana y tanta figura de postín que hoy abunda a nombre de la literatura no contradicen lo que afirmo sobre el peligro que nos acecha del fin de la novela, al contrario, lo confirman, pues dos de los enemigos letales de ésta lo son, precisamente, el consumismo acrítico de novedades y el culto servil a los famosos. Consumismo y fama se suman a otros dos funestos enemigos de la novela: la voluntad imperante de sólo decir lo que el otro quiere escuchar o, dicho a la inversa, de no querer escuchar sino lo que lo confirma a uno, y, cuarto enemigo, la propagada negativa a pensar. Historias entretenidas, docilidad ante los famosos, discurso políticamente correcto y negación a pensar, configuran un entramado que le resta el oxígeno a la novela, la cual llegó hasta nosotros, precisamente, con el propósito opuesto, tal como lo dijeron dos pensadores que sí supieron para qué estaba la novela en el mundo: Walter Benjamin: «El lugar de nacimiento de la novela es el individuo en su soledad (…) que carece de orientación y que no puede dar consejo alguno»; y Estanislao Zuleta: «Para que haya novela es necesario que el sentido de la vida del individuo no esté designado de antemano».
Pues bien, les invito a que nos encontremos para presentar ante ustedes lo que creo que es una forma de defender y preservar la novela en sus sentidos más propios: como forma de conocimiento y como recurso de elaboración del sentimiento. Por último, decirles que en la presentación de las ideas que quiero ofrecer, buscaré apoyo en La montaña mágica, de Thomas Mann, y en el extraordinario estudio crítico que Estanislao Zuleta hizo de esta extraordinaria novela.

                   
Carlos Mario González Restrepo.
Codirector del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)
Profesor de la Universidad Nacional
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Los escombros de una revolución fallida (A 30 años de la caída del Muro de Berlín)

Los escombros de una
revolución fallida
(A 30 años de la caída
del Muro de Berlín)
El muro de Berlín se construyó en 1961 con la intención de evitar el debilitamiento, a causa de la fuga de la población, del socialismo en la República Democrática Alemana, sin embargo no fue más que una contribución a erigir su propia ruina. De ser la promesa de la emancipación humana a comienzos del siglo XX, al término de éste la imagen del ideal socialista quedó degradada a su antítesis: formas de opresión y totalitarismo que condujeron a la esclerosis y al declive de los países que acogieron el propósito de superar el primado del capital. El muro de Berlín es una manifestación de tal degradación, su caída en 1989 —con todo lo que simboliza— a manos de quienes rechazaban la burocracia socialista para acogerse a la enajenación capitalista en abandono de toda esperanza utópica, hace parte de sus consecuencias. En aras de reflexionar críticamente sobre las causas, los significados y lecciones para nuestro tiempo de este acontecimiento que señaló para el siglo XXI la crisis de los ideales que dieron sentido a la vida de millones de personas en el siglo XX, los invitamos cordialmente a encontrarnos de nuevo en Conmemoremos.
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Mateo Cañas
Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)
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El arte como re-creación de nuestra humanidad. (A propósito del texto Arte y Filosofía de Estanislao Zuleta)

El arte como re-creación
de nuestra humanidad
(A propósito del texto Arte y
Filosofía
de Estanislao Zuleta)

Una insólita situación caracteriza a las sociedades occidentales de nuestra época, incluyendo, obviamente, a la colombiana: nunca como hoy la vida de cada cual y la del conjunto fue más compleja, contradictoria, abierta, incierta, esperanzadora, descorazonadora, generadora de posibilidades, suscitadora de frustraciones, en fin, nunca como en los días que corren el ser humano deambuló por la cornisa de la angustia que le traen las preguntas que, oscura o lúcidamente, formula en torno a su identidad y su destino, a sus vínculos afectivos, a los lazos de poder en que se inscribe, al sentido de su cotidianidad, al valor de su existencia, a su inexorable finitud, pero, y aquí radica lo insólito, esta desconcertada humanidad deja de lado, en general, los dos recursos por excelencia de que dispone para encarar sus dramáticos interrogantes: el arte y la filosofía. Nunca, como en nuestro tiempo, fueron más necesarios el arte y la filosofía, nunca fueron más menospreciados.

En Colombia tuvimos —sin apreciarlo aún en su verdadero valor— un pensador que aplicó su vida, su inteligencia y su amplio conocimiento al esfuerzo por propagar el valor del arte y de la filosofía en tanto herramientas decisivas para cuestionar las formas y los sentidos, los valores y las concepciones que rigen la vida social y la personal, en aras de realizar para éstas sus mejores posibilidades y de superar lo que las restringe e inhibe, en síntesis, un intelectual que reivindicó a lo largo de toda su vida el arte y la filosofía como imprescindibles potencias re-creadoras de la humana existencia, en sus dimensiones personal y colectiva, y quien lo hizo, siguiendo la enseñanza de los grandes maestros, como potencias que deberían ser un bien de todos para actuar a favor de un mejor destino y no restringidas a minorías que las elitizan y las esterilizan al volverlas simples ejercicios contemplativos y meros dispositivos de distinción personal. Ese pensador fue Estanislao Zuleta. Recuperar las enseñanzas suyas a este respecto, es proseguir el esfuerzo por destinar el arte y la filosofía a la ciudad, al ciudadano de a pie, a todos, en la perspectiva de que esos saberes operen como crítica de la cultura que constituimos y como fuerzas fundamentales para la transformación de ésta, valga decir, como potencias re-creadoras de nuestra humanidad.

La conferencia intentará explicar el lugar que tienen y el papel que juegan en el ser humano estas dos maravillas tan despreciadas actualmente; los temas de la belleza, la verdad y la perpetuación en la gran obra de arte; algunas de las más relevantes interpretaciones de la filosofía sobre el arte; las concepciones que sobre él forjaron Freud y Marx; y, por último, la conjugación de lo apolíneo y lo dionisíaco, según la mirada de Nietzsche, en la génesis de la obra de arte. Ojalá podamos encontrarnos aquel día y compartir esta reflexión.

                   
Carlos Mario González R.
Codirector del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)
Profesor de la Universidad Nacional
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No se nace mujer, se llega a serlo (A 70 años de la publicación de El Segundo Sexo)

No se nace mujer, se llega
a serlo (A 70 años de la
publicación de
El Segundo Sexo)
El segundo sexo es un libro que Simone de Beauvoir escribe cuando se halla en la plenitud de sus fuerzas, cuando se encuentra «en la mitad del camino de su vida», y siente el deseo de escribir sobre sí misma. La primera pregunta que se hace: ¿qué ha significado para ella el hecho de ser mujer?, la aparta de su propósito. Descubre que, a diferencia de lo que ha sucedido con la mayoría de las mujeres que la rodean, ser mujer es un hecho que ha tenido poca o nula importancia en su existencia. Simone se interesa tanto por esas mujeres y por la condición femenina en la que ellas han quedado «atrapadas», que decide abandonar su proyecto de escritura personal, y se apasiona hasta tal punto que escribe a una velocidad vertiginosa las 900 páginas que componen El segundo sexo.
Pero mucho más importante es señalar el lugar sobresaliente que tiene El segundo sexo en la apasionante historia del feminismo, que suma su voz a la lucha que las mujeres habían emprendido ya desde el siglo XVII con Olympe de Gouges y a los reclamos de derechos sociales y civiles que exigieron las sufragistas en las primeras décadas del siglo XX. Pero además de sumar su voz a la denuncia de la desigualdad social, económica, política y existencial de la mujer, lo que se propone Simone de Beauvoir en su obra es mucho más ambicioso: analizar el edificio ideológico que sostiene la jerarquía entre hombres y mujeres y proponer un horizonte de libertad humana. Para explicarlo acude a todos los saberes que pueden aportar elementos de entendimiento; vemos entonces a la escritora hacer un recorrido por la biología, la antropología, la historia, la filosofía, la literatura, en aras de comprender por qué la mujer ha ocupado el lugar de lo Otro absoluto, de lo excluido de la posibilidad de trascendencia.
Nos proponemos conmemorar los 70 años de la publicación de El segundo sexo, siguiendo los pasos de Simone de Beauvoir a través de algunas de las preguntas que guiaron su reflexión: ¿el destino de cada ser humano está determinado por su biología?, ¿cómo se llega a ser mujer?, ¿cómo entender la masculinidad y la feminidad?, ¿por qué es necesario el binarismo para el modo de producción capitalista?, y por último, ¿cómo leer las expresiones de transgresión a ese binarismo? Los esperamos, pues, el día 18 de septiembre a las 6:30 p.m. en el auditorio Torre de la Memoria, en la Biblioteca Pública Piloto.
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Alejandra Salazar
Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)
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El valor del no saber, del error y de la crítica en la configuración de un ser pensante (A propósito del texto Lógica y crítica de Estanislao Zuleta)

El valor de no saber, del error
y de la crítica en la configura-
ción de un ser pensante.
(A propósito del texto Lógica y
crítica de Estanislao Zuleta)
¿Qué opinaríamos de un hombre que tuviera el atributo de ser muy veloz y que ante el ataque de un animal de rapiña, fuerte pero pesado en sus movimientos, en lugar de desplegar la velocidad de sus piernas, caminara cansinamente como si no le importara el mal que le acecha? Seguramente no dudaríamos en juzgar que es incomprensible y desatinado el proceder de tal hombre. Bien, en consecuencia, ¿qué diremos del ser humano que contando con el recurso del conocimiento y del pensamiento, a más de la fuerza de su deseo, para encarar los agobios de su existencia y para abrir nuevas posiblidades para ésta, optara, mejor, por darle la espalda a dichas tres potencias suyas, prefiriendo forjar su destino desarmado de ellas? Voy a decirlo de forma directa: si el ser humano es la única criatura viva a la que le es dada la posibilidad de conocer y pensar, al tiempo que sólo él puede precisar qué es lo que de verdad desea, para apostar su destino en función de esta precisión, ¿por qué, entonces, ese ser humano no gusta de conocer, abandona el pensar y prefiere gastarse la vida sin saber qué es lo que desea?, ¿cuáles son los obstáculos para conocer, pensar y desear que, en la mayoría de los casos, hacen retroceder a los seres humanos? Acometer estas preguntas es el reto que quiero asumir en la conferencia a la que les estoy invitando, reto que quiero plantearme referenciando juiciosamente  a Estanislao Zuleta en su importante libro Lógica y crítica y, a través de éste, convocar pensadores del calibre de Platón, Aristóteles, Freud y Nietzsche, retomando los aportes de éstos a propósito de la verdad, la ignorancia, el deseo, el amor y la muerte, bagaje con el que, finalmente, quisiera mostrar que las prácticas y concepciones establecidas en el mundo escolar que tenemos, y en particular en el universitario, son un atentado contra el desarrollo intelectual y la realización de la capacidad de los jóvenes como pensadores, efecto negativo que se produce al no contar con su deseo, al no darle lugar y no trabajar con  la ignorancia, al satanizar el error y al abolir el ejercicio de la crítica.
                   
Carlos Mario González R.
Codirector del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)
Profesor de la Universidad Nacional
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La gesta definitiva para una independencia parcial. (A 200 años de la Campaña Libertadora)

La gesta definitiva para una
independencia parcial
(A 200 años de la
Campaña Libertadora)

Hechos aislados y nebulosos, ha llegado otra conmemoración. Colegios, universidades, auditorios, programas televisivos o radiales, exposiciones artísticas, conciertos, muestras teatrales… Nadie puede excluirse de la indiscutible importancia contenida en aquel fundamental paso al que atribuímos el origen de nuestra nación: La independencia.

Un florero y una discusión primero, luego una serie de batallas; y de repente, como si apareciera ante el público un as que todo el tiempo había estado oculto bajo la manga, un territorio soberano, autónomo y libre abre sus ojos como nación. Tal es el contenido del corillo equívoco que escuchamos una y otra vez;  tal es el alcance del mito fundacional que nos enseñaron desde pequeños y que solemos repetir hasta hoy. El orgullo y la nostalgia producidos por el recuerdo de las hazañas de los héroes de la nación izan las banderas de las casas en las que el himno oficial siempre se escuchó despreocupadamente… Una trampa inadvertida se esconde tras la euforia de esta celebración. Hemos aniquilado nuestra historia con símbolos y nombres recubiertos de relatos inconclusos, con acontecimientos de los cuales se hace eco mediante palabras inconexas, hechos insignificantes o cuentos viejos que en nada se vinculan con nuestra realidad.

Situados aquí, es preciso emprender la difícil tarea de rescatar nuestra historia de esa agónica marginación a la que se ha visto obligada. Sacarla de esos lugares comunes llenos de falsedades, de nombres de próceres celestiales, de objetos descontextualizados, de silencios alarmantes. Es preciso hacer de nuestra Independencia un objeto de reflexión, preguntarnos por esa cuota de pasado que pervive en lo que somos hoy. Nuestra historia, la historia del surgimiento de la República de Colombia, muere en su potencial subversivo, toda vez que afianzamos con nuestro desconocimiento su esterilización. Con en este evento queremos transitar junto a ustedes por esos fangosos pasajes que componen nuestros primeros intentos de emancipación, queremos invitarlos a explorar junto a nosotros el proceso que dio origen a nuestro país y en qué medida las aspiraciones de libertad que animaron las batallas de hace doscientos años aún reclaman esfuerzos colectivos para una realización más profunda y satisfactoria. Sean todos cordialmente invitados a Conmemoremos, un espacio donde el pasado y el presente se juntan mediante el diálogo y la reflexión.

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Sarah Quintero
Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)

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Cuadernos del CEEZ – Número 5

 

«Si en la balanza de la vida la razón no equilibrase nuestra sensualidad, el ardor y la bajeza de nuestros instintos nos llevarían a extremos aberrantes. Mas la razón enfría impulsos violentos, apetitos carnales, pasiones sin freno. Por eso, lo que tú llamas amor, a mí no me parece más que un brote o un vástago»
—Shakespeare

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Número 5

En el pensamiento y en la obra de Estanislao Zuleta fue central la preocupación por pensar tanto la vida individual como la colectiva: ¿qué sentidos tiene pensar el amor, los celos, el trabajo?, ¿para qué hacer de los saberes herramientas del pensamiento? Respondamos con las palabras del mismo Zuleta cuando le preguntaban por la finalidad de la lectura: «Uno no lee para saber más; uno lee para pensar mejor, guardando la esperanza de que si piensa mejor, quizás, y sólo quizás, podrá vivir mejor personal y colectivamente».
En esta publicación el lector encontrará un poema y dos relatos cortos con los que apelamos al poder sensibilizador de la literatura para continuar el propósito reflexivo y crítico que anima estos Cuadernos. Igualmente incluimos tres ensayos que buscan explorar problemáticas como la del amor desde una mirada no totalizadora e idealizadora de él, sino desde una que lo asume como un sentimiento claroscuro al ocasionar indefectiblemente en el amante dichas y dolores; en la misma línea, la oscuridad del amor que son los celos: dolor que se desata en el sujeto amoroso ante la aparición de un tercero que amenaza con desplazarlo de su lugar privilegiado; y, por último, las singularidades del trabajo en nuestra sociedad más los efectos que éste produce en el ser humano, con un enfoque esencialmente crítico.

 

Comentario crítico al texto Elementos de epistemología de Jacques Alain Miller

Miller plantea que la teoría del conocimiento y las relaciones que tienen los sujetos con el conocimiento han estado atravesadas por un ideal: el ideal de la complementariedad. Este paradigma se puede rastrear en pensadores como Aristóteles, quien consideraba que cada objeto de la naturaleza estaba ordenado con un fin específico. Todo lo que existe, existe para algo, todo tiende hacia un fin, hay una causa final inmanente a cada objeto. Por ejemplo, para Aristóteles los esclavos existen porque los instrumentos no pueden cumplir por sí mismos su cometido, «si las lanzaderas tejieran solas y los plectros tocaran la cítara, los constructores no necesitarían ayudantes ni los amos esclavos»1. En consecuencia, hay una obra común cuando uno manda y otro obedece, hay amistad recíproca entre el amo y el esclavo. La misma lógica lo lleva a pensar que, así como los esclavos son necesarios y armonizan con su amo, la mujer existe por naturaleza para complementar al hombre. Si la mujer tiene un útero está por tanto destinada a la maternidad: siendo madre es como ella se realiza. El espacio privado le pertenece, así como al hombre le pertenece el espacio público en tanto su función es realizar a la razón. La sexualidad tiene como finalidad la reproducción, en tanto que los órganos sexuales se complementan. Pero más que eso, este ideal de la complementariedad se extiende también al vínculo amoroso. El amante considera que su amado suple su falta fundamental, que ha encontrado el objeto que le complemente; pero, lo cierto, y no tardará en comprobarlo, es que no hay objeto que llene de dicha al sujeto, porque aquellos que aparecen en su camino son ecos de ese objeto primigenio perdido para siempre.
Ahora, para Miller la ciencia es la que quiebra el paradigma que suponía una armonía entre el sujeto que conoce y el objeto conocido y que había guiado las relaciones con el conocimiento. Esto llevó a Lacan a formular la tesis de que «la mujer no existe», es decir, no existe un objeto que pueda ser develado a cabalidad por un sujeto conocedor. Ahora el objeto se presenta como algo parcialmente inasible. La ciencia entonces permite al sujeto ser consciente de que existe un lado oscuro de la luna que jamás conocerá, y aún más, que desconoce lo que ni siquiera sospecha que existe. Es este el advenimiento de lo real para el ser humano. Mejor dicho está en palabras del poeta Carlos Framb: «Más de setenta veces siete dimensiones tiene el Cosmos: otras tantas perspectivas que me impiden ver mis ojos, otros ámbitos que ni alcanzo a imaginar que no imagino, otros seres que no sé que no sabré. Tanto espacio exorbitante de indecible y fabuloso acontecer, tanta incierta realidad donde se invierten acaso nuestras leyes, donde el efecto precede a la esperada causa y acaba de volver quien no partió… Tanto mundo por siempre virgen a la huella, a la mirada, aún a la imaginación; tanto mundo en que no he sido nunca, ni seré»2.
El enfoque científico impone entonces una desexualización del abordaje del mundo. La ciencia se construye cuando se desprende del sentido imaginario que se le asignaba a todo y vacía de sentido los fenómenos. Miller cita un ejemplo extraordinario que quiero repetir: sólo cuando desaparece la construcción imaginaria a la que estaban asociados los astros es cuando puede formularse un modelo elíptico del universo. Kepler consideraba que el círculo, y no la elipse, era la forma perfecta y, en consecuencia, el universo debía configurarse de esa manera; pero los datos y las observaciones que hacía no se correspondían con la imagen que se había hecho de él. En efecto, el universo se organiza con base a leyes, con base a una red articulada de significantes, que la ciencia intenta conocer, pero que no son en absoluto la expresión de Dios. El universo ya no es la creación de un gran Otro divino.
Con todo, la ciencia no es tan atea como se cree porque supone que hay un saber en lo real. «De tal modo aviene el ruiseñor su cuerpo a la precisa densidad del aire, que el más leve movimiento suyo es perfecta acrobacia y tenue danza»3, dice el poeta. Pero, ¿cómo ha sabido el ruiseñor esa danza? Ese enigma pone a Dios en el horizonte de la ciencia.: alguien o algo ha trazado con precisión esas leyes que son el objeto de estudio de la ciencia, algo o alguien es origen de esa trama inacabable. Ahora, si en ese sentido, para la ciencia Dios es expresión de un orden simbólico, como respuesta a los enigmas del mundo es expresión de lo imaginario: si donde falta la palabra en el sujeto, viene el síntoma; se podría decir, quizás abusando de los conceptos, que el mito es el síntoma de las limitaciones del conocimiento, en tanto es una construcción imaginaria que nace de la imposibilidad de llegar a una explicación causal de ciertos fenómenos. Por ejemplo, como la ciencia no puede preguntarse por la génesis del lenguaje y de las lenguas, en plural —aunque sería mejor decir que puede preguntarse, pero no puede responderse—, el mito de la Torre de Babel fue una respuesta de lo imaginario a ese gran misterio. Ahora, ¿qué relaciones se pueden establecer entre un saber como el psicoanálisis y los postulados científicos? El psicoanálisis busca dar un orden explicativo y demostrativo a fenómenos que se respondían desde la metafísica. No obstante, así como la ciencia no puede deshacerse por completo de la idea de Dios, el sujeto tampoco puede hacerlo, en la medida en que hay en él una dimensión psíquica, el inconsciente, que lo determina en función del ordenamiento singular de unos significantes. Por otro lado, la labor del analista se asemeja a la del científico, en tanto que ambos deben vaciar el significante de los significados ya dados. Sólo desde esta posición, el analista puede ayudar al analizante a iniciar ese camino de vaciamiento de los sentidos que le habían acompañado y a la construcción de unos nuevos. El Cosmos tiene un orden que puede conocerse dentro de ciertos límites, y que, sin embargo, no es expresión del sentido habitualmente dado: los significantes que emite el Cosmos no son las palabras de Dios. Los significantes que va dejando el sujeto a medida que avanza su discurso hablan, pero no para decir lo usual.

Alejandra Salazar
Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)

 


1 Aristóteles, Política (Madrid: Editorial Gredos, 1998), 55.

2 Carlos Framb, “Neverlands”, en Un día en el paraíso (Medellín: Editorial Pi, 2007), 61.

3 Ibid, “Pequeño laberinto armónico”, 21.