La gesta definitiva para una independencia parcial. (A 200 años de la Campaña Libertadora)

La gesta definitiva para una
independencia parcial
(A 200 años de la
Campaña Libertadora)

Hechos aislados y nebulosos, ha llegado otra conmemoración. Colegios, universidades, auditorios, programas televisivos o radiales, exposiciones artísticas, conciertos, muestras teatrales… Nadie puede excluirse de la indiscutible importancia contenida en aquel fundamental paso al que atribuímos el origen de nuestra nación: La independencia.

Un florero y una discusión primero, luego una serie de batallas; y de repente, como si apareciera ante el público un as que todo el tiempo había estado oculto bajo la manga, un territorio soberano, autónomo y libre abre sus ojos como nación. Tal es el contenido del corillo equívoco que escuchamos una y otra vez;  tal es el alcance del mito fundacional que nos enseñaron desde pequeños y que solemos repetir hasta hoy. El orgullo y la nostalgia producidos por el recuerdo de las hazañas de los héroes de la nación izan las banderas de las casas en las que el himno oficial siempre se escuchó despreocupadamente… Una trampa inadvertida se esconde tras la euforia de esta celebración. Hemos aniquilado nuestra historia con símbolos y nombres recubiertos de relatos inconclusos, con acontecimientos de los cuales se hace eco mediante palabras inconexas, hechos insignificantes o cuentos viejos que en nada se vinculan con nuestra realidad.

Situados aquí, es preciso emprender la difícil tarea de rescatar nuestra historia de esa agónica marginación a la que se ha visto obligada. Sacarla de esos lugares comunes llenos de falsedades, de nombres de próceres celestiales, de objetos descontextualizados, de silencios alarmantes. Es preciso hacer de nuestra Independencia un objeto de reflexión, preguntarnos por esa cuota de pasado que pervive en lo que somos hoy. Nuestra historia, la historia del surgimiento de la República de Colombia, muere en su potencial subversivo, toda vez que afianzamos con nuestro desconocimiento su esterilización. Con en este evento queremos transitar junto a ustedes por esos fangosos pasajes que componen nuestros primeros intentos de emancipación, queremos invitarlos a explorar junto a nosotros el proceso que dio origen a nuestro país y en qué medida las aspiraciones de libertad que animaron las batallas de hace doscientos años aún reclaman esfuerzos colectivos para una realización más profunda y satisfactoria. Sean todos cordialmente invitados a Conmemoremos, un espacio donde el pasado y el presente se juntan mediante el diálogo y la reflexión.

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Sarah Quintero
Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)

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Cuadernos del CEEZ – Número 5

«Si en la balanza de la vida la razón no equilibrase nuestra sensualidad, el ardor y la bajeza de nuestros instintos nos llevarían a extremos aberrantes. Mas la razón enfría impulsos violentos, apetitos carnales, pasiones sin freno. Por eso, lo que tú llamas amor, a mí no me parece más que un brote o un vástago»
—Shakespeare

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Número 5

En el pensamiento y en la obra de Estanislao Zuleta fue central la preocupación por pensar tanto la vida individual como la colectiva: ¿qué sentidos tiene pensar el amor, los celos, el trabajo?, ¿para qué hacer de los saberes herramientas del pensamiento? Respondamos con las palabras del mismo Zuleta cuando le preguntaban por la finalidad de la lectura: «Uno no lee para saber más; uno lee para pensar mejor, guardando la esperanza de que si piensa mejor, quizás, y sólo quizás, podrá vivir mejor personal y colectivamente».
En esta publicación el lector encontrará un poema y dos relatos cortos con los que apelamos al poder sensibilizador de la literatura para continuar el propósito reflexivo y crítico que anima estos Cuadernos. Igualmente incluimos tres ensayos que buscan explorar problemáticas como la del amor desde una mirada no totalizadora e idealizadora de él, sino desde una que lo asume como un sentimiento claroscuro al ocasionar indefectiblemente en el amante dichas y dolores; en la misma línea, la oscuridad del amor que son los celos: dolor que se desata en el sujeto amoroso ante la aparición de un tercero que amenaza con desplazarlo de su lugar privilegiado; y, por último, las singularidades del trabajo en nuestra sociedad más los efectos que éste produce en el ser humano, con un enfoque esencialmente crítico.

Comentario crítico al texto Elementos de epistemología de Jacques Alain Miller

Miller plantea que la teoría del conocimiento y las relaciones que tienen los sujetos con el conocimiento han estado atravesadas por un ideal: el ideal de la complementariedad. Este paradigma se puede rastrear en pensadores como Aristóteles, quien consideraba que cada objeto de la naturaleza estaba ordenado con un fin específico. Todo lo que existe, existe para algo, todo tiende hacia un fin, hay una causa final inmanente a cada objeto. Por ejemplo, para Aristóteles los esclavos existen porque los instrumentos no pueden cumplir por sí mismos su cometido, «si las lanzaderas tejieran solas y los plectros tocaran la cítara, los constructores no necesitarían ayudantes ni los amos esclavos»1. En consecuencia, hay una obra común cuando uno manda y otro obedece, hay amistad recíproca entre el amo y el esclavo. La misma lógica lo lleva a pensar que, así como los esclavos son necesarios y armonizan con su amo, la mujer existe por naturaleza para complementar al hombre. Si la mujer tiene un útero está por tanto destinada a la maternidad: siendo madre es como ella se realiza. El espacio privado le pertenece, así como al hombre le pertenece el espacio público en tanto su función es realizar a la razón. La sexualidad tiene como finalidad la reproducción, en tanto que los órganos sexuales se complementan. Pero más que eso, este ideal de la complementariedad se extiende también al vínculo amoroso. El amante considera que su amado suple su falta fundamental, que ha encontrado el objeto que le complemente; pero, lo cierto, y no tardará en comprobarlo, es que no hay objeto que llene de dicha al sujeto, porque aquellos que aparecen en su camino son ecos de ese objeto primigenio perdido para siempre.
Ahora, para Miller la ciencia es la que quiebra el paradigma que suponía una armonía entre el sujeto que conoce y el objeto conocido y que había guiado las relaciones con el conocimiento. Esto llevó a Lacan a formular la tesis de que «la mujer no existe», es decir, no existe un objeto que pueda ser develado a cabalidad por un sujeto conocedor. Ahora el objeto se presenta como algo parcialmente inasible. La ciencia entonces permite al sujeto ser consciente de que existe un lado oscuro de la luna que jamás conocerá, y aún más, que desconoce lo que ni siquiera sospecha que existe. Es este el advenimiento de lo real para el ser humano. Mejor dicho está en palabras del poeta Carlos Framb: «Más de setenta veces siete dimensiones tiene el Cosmos: otras tantas perspectivas que me impiden ver mis ojos, otros ámbitos que ni alcanzo a imaginar que no imagino, otros seres que no sé que no sabré. Tanto espacio exorbitante de indecible y fabuloso acontecer, tanta incierta realidad donde se invierten acaso nuestras leyes, donde el efecto precede a la esperada causa y acaba de volver quien no partió… Tanto mundo por siempre virgen a la huella, a la mirada, aún a la imaginación; tanto mundo en que no he sido nunca, ni seré»2.
El enfoque científico impone entonces una desexualización del abordaje del mundo. La ciencia se construye cuando se desprende del sentido imaginario que se le asignaba a todo y vacía de sentido los fenómenos. Miller cita un ejemplo extraordinario que quiero repetir: sólo cuando desaparece la construcción imaginaria a la que estaban asociados los astros es cuando puede formularse un modelo elíptico del universo. Kepler consideraba que el círculo, y no la elipse, era la forma perfecta y, en consecuencia, el universo debía configurarse de esa manera; pero los datos y las observaciones que hacía no se correspondían con la imagen que se había hecho de él. En efecto, el universo se organiza con base a leyes, con base a una red articulada de significantes, que la ciencia intenta conocer, pero que no son en absoluto la expresión de Dios. El universo ya no es la creación de un gran Otro divino.
Con todo, la ciencia no es tan atea como se cree porque supone que hay un saber en lo real. «De tal modo aviene el ruiseñor su cuerpo a la precisa densidad del aire, que el más leve movimiento suyo es perfecta acrobacia y tenue danza»3, dice el poeta. Pero, ¿cómo ha sabido el ruiseñor esa danza? Ese enigma pone a Dios en el horizonte de la ciencia.: alguien o algo ha trazado con precisión esas leyes que son el objeto de estudio de la ciencia, algo o alguien es origen de esa trama inacabable. Ahora, si en ese sentido, para la ciencia Dios es expresión de un orden simbólico, como respuesta a los enigmas del mundo es expresión de lo imaginario: si donde falta la palabra en el sujeto, viene el síntoma; se podría decir, quizás abusando de los conceptos, que el mito es el síntoma de las limitaciones del conocimiento, en tanto es una construcción imaginaria que nace de la imposibilidad de llegar a una explicación causal de ciertos fenómenos. Por ejemplo, como la ciencia no puede preguntarse por la génesis del lenguaje y de las lenguas, en plural —aunque sería mejor decir que puede preguntarse, pero no puede responderse—, el mito de la Torre de Babel fue una respuesta de lo imaginario a ese gran misterio. Ahora, ¿qué relaciones se pueden establecer entre un saber como el psicoanálisis y los postulados científicos? El psicoanálisis busca dar un orden explicativo y demostrativo a fenómenos que se respondían desde la metafísica. No obstante, así como la ciencia no puede deshacerse por completo de la idea de Dios, el sujeto tampoco puede hacerlo, en la medida en que hay en él una dimensión psíquica, el inconsciente, que lo determina en función del ordenamiento singular de unos significantes. Por otro lado, la labor del analista se asemeja a la del científico, en tanto que ambos deben vaciar el significante de los significados ya dados. Sólo desde esta posición, el analista puede ayudar al analizante a iniciar ese camino de vaciamiento de los sentidos que le habían acompañado y a la construcción de unos nuevos. El Cosmos tiene un orden que puede conocerse dentro de ciertos límites, y que, sin embargo, no es expresión del sentido habitualmente dado: los significantes que emite el Cosmos no son las palabras de Dios. Los significantes que va dejando el sujeto a medida que avanza su discurso hablan, pero no para decir lo usual.

Alejandra Salazar
Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)

 


1 Aristóteles, Política (Madrid: Editorial Gredos, 1998), 55.

2 Carlos Framb, “Neverlands”, en Un día en el paraíso (Medellín: Editorial Pi, 2007), 61.

3 Ibid, “Pequeño laberinto armónico”, 21.

 

La Revolución francesa y sus insistentes ideales: libertad, igualdad y fraternidad (A 230 años de la Revolución francesa)

La Revolución francesa y sus
insistentes ideales:  libertad,
igualdad y fraternidad
(A 230 años de la Revolución
francesa)

En la obra póstuma e inconclusa del gran historiador francés Marc Bloch, Apología para la historia o el oficio de historiador, éste intenta responder a la, sólo en apariencia, sencilla pregunta: ¿para qué sirve la historia? Bloch, con una irónica sinceridad, empieza su indagación reconociendo que, en primera instancia, la historia sirve para gozar. Un elemento tan evidente no podría ser refutado, por lo menos lo es para aquellos a los que nos apasiona la historia, incluso para los que no la tenemos por oficio. Pero si es obvia la sensación de satisfacción menos evidente es su origen, ¿de dónde proviene el goce estético que proporciona la historia? El historiador francés señalará que aquél procede, precisamente, del particular objeto de esta disciplina, a saber: «el espectáculo de las actividades humanas», que «más que ningún otro está hecho para seducir la imaginación de los hombres. Sobre todo cuando, gracias a su alejamiento en el tiempo o en el espacio, su despliegue se atavía con las sutiles seducciones de lo extraño».

Y es que la historia le permite al ser humano —único ente capaz de salir de sí— hacer uso de su sensibilidad para reconocerse en lo más extraño, en las variadas y diversas formas que la humanidad puede darse; le permite hacerse a unos ojos para la otredad que constituyen, por ejemplo, los hombres y las mujeres de la Revolución francesa, esos otros con los que se puede identificar en sus luchas, en sus sufrimientos, en sus deseos y en sus entusiasmos. El lector de la historia se “transforma” así en las mujeres de los barrios y los arrabales de París, marchando a Versalles en medio de la lluvia y el barro para exigir pan a su rey; se “convierte” en los obreros que tomaron La Bastilla poniendo el pecho a las balas que caían desde sus almenadas torres; hace eco de Bailly anunciando a viva voz al emisario del rey que “la nación reunida en asamblea no puede recibir órdenes”; se “torna” Roberspierre frente a la guillotina contemplando el final de su vida y el de la República por la que tanto luchó. Pero de aquella primera atracción sobre nuestra sensibilidad, también brota una satisfacción para nuestra inteligencia, pues esa otredad que se nos presenta como lo más lejano, sin embargo nos constituye; aquél que va a la historia descubre sus deudas, se reconoce pisando huellas, descubre que su vida es menos individual de lo que cree, la reconoce transpersonal, social, histórica; aquel que se sumerge en los ideales de la Revolución francesa descubre la razones que inclinan su corazón a la izquierda, el origen de su ímpetu por defender la libertad, se le devela por qué le es insoportable la desigualdad, y por qué enarbola que existan lazos de solidaridad entre los seres humanos.

Con el ánimo de compartir con ustedes la sensibilidad y la inteligencia que nos promete la evocación de la Revolución francesa les invitamos a que nos acompañen el próximo miércoles 17 de julio a conmemorar aquel hecho histórico que cumple 230 años; conmemoración que hará énfasis en las ideas que fundaron aquel proyecto político que tenía por ideales la libertad, la igualdad y la fraternidad.

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Santiago Piedrahíta
Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)

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Cancelación de dos conferencias de Diálogos en la ciudad

Medellín,  junio 26 del 2019

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COMUNICADO
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A los ciudadanos y las ciudadanas de Medellín
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El profesor Carlos Mario González, conferenciante del proyecto de formación ciudadana Diálogos en la ciudad, tuvo un inesperado y significativo quebranto de salud, que lo ha obligado a estar hospitalizado y a ser sometido a una intervención quirúrgica que lo tendrá en convalecencia por un período aproximado de dos meses. Todo ello impone cancelar las conferencias de los martes 2 de julio y 6 de agosto. El evento reanudará sus actividades en el mes de septiembre con las siguientes conferencias:
  • El valor de no saber, del error y de la crítica en la configuración de un ser pensante (A propósito del texto Lógica y Crítica de Estanislao Zuleta)
  • El arte como (re)creación de nuestra humanidad (A propósito del texto Arte y Filosofía de Estanislao Zuleta)
  • La novela, indagación de los enigmas que nos atraviesan (A propósito del texto Thomas Mann, la montaña mágica y la llanura prosaica de Estanislao Zuleta)
Les estaremos informando la reprogramación de las fechas de este evento de ciudad.
El lanzamiento del séptimo número de los Cuadernos del CEEZ para la Reflexión y la Crítica, programado también para el martes 2 de julio, se hará el miércoles 17 de julio en el marco del evento Conmemoremos.
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Muchas gracias por su atención,
Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)

Borges, el memorioso (A 120 años del natalicio de Jorge Luis Borges)

Borges, el memorioso
(A 120 años del natalicio
de Jorge Luis Borges)
Que otros se jacten de lo que han escrito, a mi me enorgullece lo que he leído
Jorge Luis Borges
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Conmemorar a Jorge Luis Borges es, por decir lo menos, vérselas frente a un hombre que buscó en la literatura la posibilidad de navegar a través de los misterios del mundo. Fue ensayista, cuentista, poeta, filósofo y siempre perplejo, aventurero de las letras y de los múltiples lugares y tiempos que el ser humano ha habitado y por los que ha dejado su huella. De niño recibe la biblioteca de su padre y el deseo de éste de ser escritor, dos asuntos que fueron fundamentales para su actividad literaria, pues la potencia de un Borges lector, uno que busca maestros y sabe ser aprendiz, se refleja en un Borges escritor, que maravillará al mundo con su literatura sobre hombres que no envejecen ni mueren, laberintos sin puertas ni muros y libros infinitos. Varios temas le acuciaron a lo largo de su vida con singular insistencia: la memoria, la muerte, la eternidad, el destino; todos ellos, bajo su pluma, se convierten en preguntas y en caminos posibles del pensamiento para aquel lector o lectora que se aproxima a él: ¿qué sería del ser humano si pudiera recordarlo todo?, ¿qué hace con su vida sabiendo ese final inapelable de la muerte?, ¿existe un destino que cumple sin falla alguna o acaso es artífice del mismo?
Les invitamos, entonces, a que sean nuestra compañía este miércoles 19 de junio, a las 6:30 pm., en la Torre de la Memoria de la Biblioteca Pública Piloto, para que conversemos sobre el escritor argentino Jorge Luis Borges.
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Vincent Restrepo
Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)

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Marx, pensador del individuo. (A propósito del texto Ensayos sobre Marx de Estanislao Zuleta)

Marx, pensador del individuo
(A propósito del texto
Ensayos sobre Marx
de Estanislao Zuleta)
Supongamos que el ser humano es ser humano y que su relación con el mundo es una relación humana. Entonces el amor sólo puede intercambiarse por amor, la confianza por la confianza, etcétera. (…) si quieres influir en otras personas debes ser una persona que estimule e impulse realmente a otros seres humanos. Cada una de tus relaciones con el ser humano y con la naturaleza debe ser una expresión específica, correspondiente al objeto de tu voluntad, de tu verdadera vida individual. Si amas sin evocar el amor como respuesta, es decir, si no eres capaz, mediante la manifestación de ti mismo como ser humano amante, de convertirte en persona amada, tu amor es impotente y una desgracia
Karl Marx
El contenido de esta conferencia es simple de enunciar: resaltaré a Marx como un defensor radical del individuo y de la dicha para éste de vivir centrado en la realización de la plenitud de sus posibilidades humanas. Contra la malhadada imagen de Marx como promotor de colectivismos en detrimento del individuo, más aún, de totalitarismos desconocedores y devaluadores de la condición personal, mostraré que, por el contrario, su fervor revolucionario anticapitalista nace y se sostiene en su irrestricta convicción de que las formas materiales de la sociedad burguesa han de superarse, simple y llanamente para crear condiciones de posibilidad que propicien que cada ser humano pueda desplegar la complejidad de su ser, afirmando así el goce de vivir su efímera existencia. Sin forzar las cosas, trataré de mostrar que Marx comparte el mismo ámbito espiritual de Freud y de Nietzsche (razón por la que tenderé nexos entre Marx y el psicoanálisis, de un lado, y Marx y el pensador de la transvaloración de todos los valores, de otro lado): que sólo somos en relación con otros, pero que ésta es una aventura que se termina dirimiendo en la escala del destino individual. La riqueza efectiva de una sociedad se mide en la riqueza espiritual conquistada por sus individuos, afirmación por la que se decanta Marx, tal como se infiere de las palabras suyas que cité al comienzo de esta invitación, las que son refrendadas por estas otras también provenientes de su pluma: “(…) en lugar de la riqueza y la pobreza de la economía política, tenemos al hombre rico como plenitud de la necesidad humana. El ser humano verdaderamente rico es aquel que necesita un complejo de manifestaciones humanas de la vida y cuya propia autorrealización existe como necesidad interna (…) El dominio del ser objetivo en mí, la expresión sensible de mi actividad vital, es la pasión que aquí se convierte en la actividad de mi ser”. Ojalá nos podamos encontrar en la Piloto para que reflexionemos sobre este Marx usualmente velado en la imagen que se suele transmitir de él.
                   
Carlos Mario González R.
Codirector del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)
Profesor de la Universidad Nacional

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Maternidades mudas – Daniela Cardona Gómez

Daniela Cardona Gómez, directora del Centro de Estudios Estanislao Zuleta, fue invitada a Mujeres Confiar para escribir, en el marco de la celebración del día de las madres en Colombia y en varios países latinoamericanos, una crítica del relato dominante sobre la maternidad, que enaltece el sacrificio y propaga el mito de la mujer-madre que, según su reflexión, es incansable, perfecta, no-humana.


Muchos de los mensajes y las palabras que a simple vista se presentan como los más bellos y enaltecedores, están invadidos de ideas opresoras, injustas y nocivas. Detrás de unos y otras, sin saberlo o sin quererlo saber, se esconden las realidades más cuestionables. Una situación particular —una de mujer— nos ilustra esto, nos pone ante esos juegos de palabras, que no ocultan sino que configuran una realidad con la cual, para lamento de algunos, sobre todo de algunas, muchos se sienten identificados. Recientemente nuestro calendario —que marca fechas para recordar o para olvidar— nos trajo de nuevo aquello que se ha dado en llamar la celebración del día de las madres. Un día bastante propicio para que se hagan escuchar ese tipo de mensajes, que aturden de tanto adular: «Mi madre es tan buena como un ángel», «Nuestras madres, aquellas mujeres que hacen lo imposible para dar todo por nosotros», «Gracias por la paciencia infinita y el amor incondicional de las madres», «El amor y los cuidados de una madre no tienen límites». Quienes los dicen quedan en paz con su conciencia, pues se han sumado a las voces de un reconocimiento hegemónico patriarcal, que no ve a la humana que ha debido olvidarse de sí, perderse en esa forma de la maternidad; la que, a su vez, ha monopolizado la definición de lo femenino.

Una maternidad que sacrifica una existencia y un proyecto propio, porque importa es el proyecto que se delinea con la nueva vida que ha llegado al mundo; una maternidad que desgasta física y psíquicamente a la mujer-madre porque debe cuidar y amar sin límites; una maternidad pura bondad que debe acallar las amarguras y enojos de la mujer insatisfecha; una maternidad que absorbe el tiempo de la mujer en el trabajo de los cuidados, en la entrega completa a sus hijos; una maternidad que sigue propagando el mito de la mujer incansable, perfecta, no-humana. En esos mensajes triunfan la naturaleza y el catolicismo (con su aplastante modelo de mujer y madre basado en la Virgen María), y se siguen reproduciendo los sentidos binarios del patriarcado: la mujer-madre ha de estar de espaldas a construir una existencia propia, que se crea en el abanico de posibilidades que ofrece el mundo; el hijo, el hombre, han de jugarse su destino más allá de los muros del ámbito privado.

A la mujer-madre que ha penetrado el mundo de lo público, se le sigue exigiendo moverse en ese binarismo; si ha ido al mundo es sólo para retornar con más dádivas al hogar. La humanidad si bien ha aprendido a controlar la natalidad, desligando la sexualidad de la reproducción, no ha fracturado del todo, a nivel ideológico, la ecuación mujer=madre=naturaleza. A la mujer que no es madre se le exige encarnar los valores de la feminidad patriarcal (abnegación, sumisión, servicio, cuidado, etc.), como si fueran una esencia suya, en los diferentes espacios que habita; a la que es madre se le quiere retornar taxativamente, como diría Simone de Beauvoir en su valioso libro El segundo sexo, a la servidumbre de la especie. Dirán los voceros del discurso opresor: «Si la naturaleza ha dotado a la hembra humana de la capacidad reproductora, esa capacidad debe traducirse al ejercicio sin límites y reproches del cuidado de la vida. Si la madre está dotada de las cualidades femeninas, entonces está llamada a renunciar a su propia existencia y darse toda a su progenie».

La celebración del mito de la mujer-madre, que cínicamente las saca un día de la cocina, de la limpieza de la casa, de los límites del mundo privado, sumado a los mensajes que acompañaron tal festejo, circulando por WhatsApps, por cartelitos de colores, en cartas inauténticas, en propagandas que rinden culto a la voz dominante, no hicieron otra cosa que redimir, por un año más, la conciencia de hijos y padres, la conciencia de una sociedad inmersa en una masculinidad hegemónica, que aún no tiene el coraje para develar del todo las infamias que se esconden detrás de su idea de amor materno.

Una de las infamias que esconde es el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado. El documento Cuenta Satélite de Economía del Cuidado, publicado el 30 de agosto de 2018, acatando lo expuesto en la Ley 1413 de 2010, evidencia en sus estadísticas de manera alarmante como las mujeres en Colombia siguen asumiendo la mayor cantidad de este tipo de trabajo; por dar sólo un ejemplo: el porcentaje de tiempo de dedicación anual al suministro de alimentos es del 87,0%, por parte de las mujeres y del 13% por parte de los hombres. Cualquiera sea la variable de la economía del cuidado (limpieza y mantenimiento del hogar, mantenimiento de vestuario, etc.) que se tome, y cualquiera sea el cruce que se haga de ésta, por ejemplo con la edad de las mujeres, su nivel de estudios, los tipos de familia a los que pertenecen, son ellas las que dedican mayor tiempo al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, reproduciéndose así la figura de la madre confinada exclusivamente a este tipo de trabajo y la figura de la madre aplastada por la doble jornada de trabajo. No escapa al mito de la feminidad ni a la opresión de género la mujer que no es madre. Y qué bien se sirve el capitalismo de ese mito que al enaltecer subyuga: el mismo documento arroja para el 2017 la no menospreciable cifra de 185.722 billones de pesos del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado. El capital no sólo ha sabido explotar al proletariado consumiendo su fuerza de trabajo, sino a esas mujeres de la economía del cuidado que aumentan las ganancias de la clase dominante en tanto el valor que ellas incorporan en la reproducción de esas fuerzas de trabajo, no es pago. Del mito de la feminidad y de la idea de un amor materno que lo da todo, se han servido, además, los gobiernos que no titubean en el recorte de la inversión social y que no despliegan acciones contundentes para generar políticas que reconozcan monetariamente ese trabajo en mención, que distribuyan las tareas de los cuidados o que hagan de éstas una responsabilidad no sólo de las familias sino del Estado. Mientras más se atente contra los derechos sociales más opresión habrá sobre las mujeres . Admirable, sin embargo, han sido las luchas de las feministas que han alzado la voz en contra de este orden de cosas, y que hoy tienen temblando, por los movimientos estructurales que pueden llegar a ocasionarse, a los defensores de la discriminación de las mujeres.

El día de las madres que recién se ha celebrado oculta esta explotación, así como la idea de que la mujer no encuentra necesariamente su realización en el ser madre. La queja de la mujer-madre por sus deseos insatisfechos se enmudece en el ruido de la fiesta patriarcal. Ningún ser humano puede realizarse en la unilateralidad, en la entrega a los cuidados de un hijo, pues éste no responde a la multiplicidad que contiene la vida: más allá de él está el ejercicio de la ciudadanía, la participación en una causa social, la amistad, el amor pasional, la relación con el conocimiento, la ejecución de otros tipos de trabajo. Dar vida no es igual a forjar un proyecto existencial propio: el hijo puede hacer parte de éste, pero no es el proyecto mismo; éste ha de hacerse de cara al deseo, al mundo y sus posibilidades . Una vida que se hace en función de la vida de otro, puede terminar cocinando el odio más amargo por aquel con quien se ha generado el lazo de dependencia. Mucho tiempo aún falta para que la celebración del día de las madres celebre unas maternidades libres, que amen desde la libertad: reconocidas por la amplitud de su proyecto vital y no porque negaron el mismo, en tanto se sacrificaron por un hijo y por una familia.

Daniela Cardona Gómez
Directora del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)

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De la esperanza socialista al cerco capitalista (A 60 años del triunfo de la Revolución cubana)

De la esperanza socialista
al cerco capitalista
(A 60 años del triunfo
de la Revolución cubana)

Un primero de enero de 1959 se vislumbraba desde una isla, en el centro de América, un nuevo aliento emancipatorio para nuestra humanidad. Una insurrección armada con obreros, campesinos e intelectuales en su seno derrocaban el régimen de Fulgencio Batista, el sueño de muchos revolucionarios, arrebatar el poder a los opresores y ponerlo al servicio de la justicia humana y social, se acariciaba con más ahínco hace sesenta años.

Con la victoria del Movimiento 26 de Julio, se tiene un nuevo referente, una nueva experiencia de poder político y popular que ejemplifica otras maneras de dirigir una revolución y construir el socialismo. En medio de una guerra fría y ante el celo imperioso de la burguesía internacional que buscaba minar a toda costa los avances de los barbudos cubanos, éstos se vieron obligados a establecer relaciones comerciales y políticas con la entonces Unión Soviética para velar por su defensa y subsistencia.  Pero también, en la dirigencia de Fidel y en los tiempos de política institucional en los que estuvo Guevara, se dieron esfuerzos titánicos para que Cuba lograra una independencia económica, su ejemplo de internacionalismo es una clara muestra de no quedar a merced de la URSS, buscando generar contactos y apoyos con otros pueblos del mundo.

Sea este aniversario de la Revolución cubana para responder con lo que nos es posible estando a la altura de su estudio;  la interpretación sobre el pasado de los socialismos, de sus retos, contradicciones y dificultades es un tema de crucial importancia para los que sostenemos aspiraciones de transformación radical de la sociedad. No volvemos a esos contextos por complacer una nostalgia con el pasado, volvemos para tener una fundamentación y no quedar a merced de tergiversaciones y usos amañados sobre la historia de tan importantes acontecimientos.

Santiago Alarcón
Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)

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En Nietzsche, ¿qué significa pensar? (A propósito del texto Comentarios a Así hablaba Zaratustra de Estanislao Zuleta)

En Nietzsche, ¿qué
significa pensar?
(A propósito del texto
Comentarios a Así
hablaba Zaratustra
de
Estanislao Zuleta
“El peor enemigo con quien puedes encontrarte serás siempre tú mismo”.
Nietzsche.
Como nos pasa con el amor, al cual tendemos a considerar como si fuera UNO y como equivalente al BIEN, igual nos sucede con el pensar: lo tomamos como si tuviera una única expresión y como si su realización siempre nos favoreciera. No obstante, esto es lo que objeta Nietzsche; para él hay versiones distintas del pensar y, en algún caso, de la misma forma que se dan amores que conducen a lo peor, hay caminos del pensar que conducen a la negación de la vida, más aún, él nos advierte que el nihilismo, entendido como desprecio de la existencia, es la fuerza que históricamente ha regido nuestra relación con el pensar. A la figura del pensamiento dogmático, su resentimiento y su concepción negativa de la felicidad, Nietzsche contrapone la imagen del pensamiento trágico, su afirmación de la vida y su idea de la felicidad como consecuencia de la lucha perseverante por conquistar dimensiones creadoras para la experiencia vital, no sólo propia, sino de los demás. Tomaré como referencia, entonces, esta crucial oposición que establece Nietzsche, con el propósito de aclarar qué significa pensar para el autor de “Zaratustra” y cómo podemos hacernos a su reflexión en tanto arma crítica contra una cultura como la nuestra que deambula entre no querer pensar o hacerlo por la vía nihilista, es decir, volviéndolo una fuerza contrapuesta a la vida y negadora de ésta. En consonancia con el propósito enunciado, seguiré en mi exposición el siguiente derrotero:
1. Qué no es pensar. 2. Qué significa pensar. 3. Posiciones del sujeto para acceder a la posibilidad de pensar. 4. Dos expresiones antagónicas: el pensar dogmático y el pensar trágico.                      

Carlos Mario González R.
Codirector del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)
Profesor de la Universidad Nacional

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