Para ser soberana de sí se necesita una habitación y una economía propias (A 90 años de la publicación de Una habitación propia de Virginia Woolf)

Para ser soberana de sí se
necesita una habitación y una
economía propias
(A 90 años de la publicación
de Una habitación propia)

Nada fácil fue que las mujeres tomasen la pluma y el papel; aún más, que hicieran de la escritura una expresión de su soberanía. Se consideraba innecesario que aprendieran a leer y a escribir: «¿Para qué hacerse a esas herramientas del espíritu, a ese lenguaje social, si las mujeres estaban destinadas a la servidumbre de la especie?», decía así la mentalidad hegemónica que buscaba sostener la jerarquía entre los géneros. Poder plasmar las voces de nuestro ser sobre ese lienzo en blanco, dejar para otros nuestra interpretación sobre el mundo, fue y ha sido una larga conquista. De ser la escritura una actividad de deleite para algunas aristócratas (¡que se embellecieran con esa actividad era el mandato de los hombres¡); de ser la escritura para otras de ellas un grito inicial de denuncia —ridiculizado y sepultado por la crítica masculina— respecto a las situaciones de opresión vividas por las mujeres; de ser la escritura una enseñanza para las burguesas o pequeño burguesas que se perfilaban como educadoras del nuevo ciudadano; de ser, en fin, la escritura —o de convertirla en ello— una estrategia para perpetuar el eterno femenino, se transformó, gracias a la valentía de muchas mujeres, en un arma fundamental para minar esa estructura social que las distancia de sus deseos y de su autonomía. Las mujeres escritoras introdujeron, pues, esta ruptura alumbrando sus situaciones particulares, mostrando las tristezas y los tormentos de su cotidianidad que se desprendían de una vida que se repetía y se ahogaba en la impotencia; las mujeres escritoras acentuaron mucho más ese quiebre cuando hicieron de la literatura un espacio para develar las relaciones sociales que sostenían y reproducían ese orden de cosas, pero no una literatura para la denuncia o la moralización —dejaría de ser literatura—, sino una literatura, cuya forma artística lograba introducir la sospecha en torno a lo establecido y disponer a hombres y mujeres a la interrogación de sus roles en el seno de la sociedad; las mujeres concretaban esa ruptura haciendo suyo el poder de la escritura, situándose como sujetos que podían entender y explicar —ya desde tantos saberes y teorías— las razones históricas y sociales que vedaban su camino hacia su propia soberanía, hacia una palabra propia, que necesitaba para su florecer, precisamente, de esas herramientas del espíritu.

La conmemoración de los 90 años de Una habitación propia de Virginia Woolf será la oportunidad para pensar la aventura de las mujeres en la escritura, cómo ésta fue una herramienta muy significativa para conquistar la tan anhelada independencia, cómo este arribo necesitaba de una autonomía económica y de transformar el mundo privado —que era encierro y custodia sobre sus cuerpos y sus mentes— en una espacio propio, al que se llegaba después de haber bebido del mundo de afuera; una habitación propia en la que se defendía una soledad creativa, en la que la palabra se preparaba para salir a la luz con toda su fuerza interrogadora y con toda su capacidad de transformación.

Los y las invitamos a que nos acompañen en esta última conmemoración del año, como homenaje a ese esplendoroso texto de la escritora inglesa, como recordación de esa lucha emprendida, e insistente, para lograr un vínculo potente entre las mujeres y la palabra.

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Daniela Cardona
Directora del Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ)
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