Elisa Mújica

(1918-2003)

Vida y obra

Fue periodista y narradora colombiana, autora de novelas y cuentos. Nació en Bucaramanga, en 1918, pero vivió la mayor parte de su vida en Bogotá, ciudad donde murió el 27 de marzo de 2003.
Cuando tenía 14 años falleció su padre, razón por la cual se vio en la necesidad de conseguir un trabajo y dejar el bachillerato. A pesar de esto, asumió cargos cerca a altos mandatarios, por ejemplo, de 1936 a 1943 fue secretaria privada de Carlos Lleras Restrepo en el Ministerio de Comunicaciones; de 1943 a 1945 fue secretaria de la embajada de Colombia en Quito; además, en 1984 logró ser miembro de la Real Academia Española¹.
En sus escritos plantea la perseverancia de la mujer colombiana y su capacidad para superar las adversidades, se pregunta por la identidad y la autonomía de ésta, y por el costo de alcanzarlas. El tema central de su narrativa es la historia social de Colombia a partir de la Independencia y las posibilidades que la sociedad le ofrecía a las mujeres.
Sus novelas más conocidas son Los dos tiempos (1949), Catalina (1963) y Bogotá de las nubes (1984). En ellas analiza tanto el país como el individuo, sus preocupaciones, angustias, las dificultades que atraviesa, insistiendo sobre los fracasos y tragedias de sus protagonistas y de los momentos históricos².

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Cada una de sus obras se enmarca en un momento histórico que, en general, limitaba a las mujeres sus posibilidades para alcanzar autonomía e independencia. Así, la vida de Celina Ríos, Catalina Aguirre y Mirza Eslava, protagonistas de sus novelas, se presenta en medio de problemáticas sociales como: la lucha entre conservadores y liberales, la amenaza de violencia, las guerras civiles, las tensiones entre las clases sociales, la corrupción, entre otros³; frente a lo cual se pregunta por la condición de la mujer y las posibilidades que tiene para definir su existencia en un contexto de desigualdad entre hombres y mujeres.
Los dos tiempos es una novela referida a las dos etapas de la vida juvenil de Celina, en Bogotá y Quito, y las decisiones que debe tomar ésta que, según se entiende, es la misma Elisa Mújica. Es decir, la novela tiene un sentido autobiográfico4; además, describe y cuestiona la educación que recibían las mujeres. En esta historia presenta las transformaciones de una mujer que se resiste a la conformidad y a la resignación a lo largo de su vida, que vive la ambivalencia entre ser lo que la sociedad le demanda como mujer y la necesidad de realizarse como sujeto5. Se pregunta ¿qué posibilidades le ofrece la sociedad a la mujer para alcanzar libertad e igualdad?, y desvela que alcanzar estas condiciones tiene un alto costo para las mujeres. Por ejemplo, en esta novela Celina descubre que hay ciertos libros prohibidos para ella, y que le atraen, y entonces decide que «debía ser una chica mala. En lo sucesivo obraría con cuidado. Había que burlar a los que ocupaban el territorio por la fuerza». Entiende que el placer debe ser privado. También observa que aunque las mujeres trabajen fuera de casa y logren cierta independencia, sigue habiendo muchas dificultades para que ellas pasen de ser objeto a ser sujeto de su historia. ¿Qué tan posible es para una mujer manifestar su deseo?, ¿por qué se considera que las mayores realizaciones en la vida de una mujer se circunscriben en tener una familia? Son preguntas subyacentes a esta historia que todavía hoy son necesarias de formular.
Por otra parte, Catalina es una novela que se desarrolla en el contexto de los años de posguerra, luego de la pérdida de Panamá. El padre de Catalina ha muerto y su madre le dice «la guerra nos ha dejado sin hombres...Necesitamos alguien que nos maneje las haciendas», y Catalina se casa sin saber ni pensar con seriedad esta decisión. Así, Elisa Mújica reúne un conjunto de memorias de Catalina, la protagonista, a través de las cuales ésta analiza la necesidad de conocer su propia historia, la relación con su madre, la vida de su abuela, la relación con el silencio y su conexión con el de otras mujeres, el conformismo y el miedo a reconocer y poner en público lo que se desea6. Además, indaga sobre el impacto de la Guerra de los Mil Días en las mujeres.
Por último, Bogotá de las nubes es una historia que se desarrolla en Bogotá y que aborda el tema del temor a conocer la verdad, a confrontarse y cuestionarse; simboliza el carácter destructivo del ser humano, su falta de valentía para aceptar, reconocer y corregir sus errores7.
Elisa Mújica fue una mujer preocupada por el olvido de la historia, de los acontecimientos y aportes de personas que formaron la sociedad colombiana y bogotana. A través del personaje Mirza en Bogotá de las nubes, dice «lo que más me mortifica es que me imaginen a mí y al resto de mujeres que abrimos la brecha y soportamos como las que más el horrible período de transición, sencillamente como si nunca hubiéramos sido jóvenes», y en el libro Guía histórica reconoce los esfuerzos de mujeres colombianas, rompiendo con estereotipos de género que ubicaban sólo a los hombres como artífices de los mayores aportes a la historia de la ciudad.
Elisa Mújica es, pues, una escritora que merece ser leída por la agudeza con la que plantea reflexiones sobre la historia colombiana en relación con la vida de las mujeres, las dificultades que enfrentaron para afirmar su libertad; permitiéndonos así reconocer que las luchas de otras mujeres nos han permitido hoy poner en público la palabra, participar en la toma de decisiones y tener otras posibilidades para desarrollar nuestra existencia; sabiendo, no obstante, que hay todavía un largo camino por recorrer para alcanzar formas más logradas en las relaciones que se establecen entre hombres y mujeres.

¹Mary G. Berg, «Las novelas de Elisa Mújica», en Literatura y diferencia. Escritoras colombianas del siglo XX, Volumen I. (Medellín: Editorial Universidad de Antioquia, 1995), 208.
2-7Ibídem. http://bdigital.unal.edu.co/51061/36/9586552020_P4.PDF

Reseña escrita por Laura Arías

Reseña del cuento Angela y el diablo

La historia de Ángela —una historia que pareciera dedicada a la Madre Josefa del Castillo, monja y escritora colombiana de la ciudad de Tunja— se desarrolla en la Colombia de mediados del siglo XIX; un momento en el que las relaciones y prácticas sociales estaban mediadas, en su mayoría, por la religión católica. Ésta, alimentando la mentalidad patriarcal de la época, señalaba a las mujeres mandatos unilaterales que afectaban de manera precisa su participación en la sociedad. En aquellos tiempos la educación femenina que se le daba a las niñas —hembras humanas en proceso de socialización como mujeres— «...estuvo reservada a las familias acomodadas que enviaban a sus hijas a las casas de educación privadas»¹. Las niñas recibían en estas casas privadas enseñanzas domésticas y religiosas, que le servirían a Ángela, según el mandato social de la época para las mujeres, como puente que la llevaría, de una mejor manera, hacia el rol de la mujer casada, «… y aunque la familia de Ángela no era rica, los padres habían hecho sacrificios a fin de que su hija no careciera de un requisito que le aseguraría un buen matrimonio».

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La majestuosa pluma de la autora nos introduce la historia de Ángela a través de un viaje —que es también una transición— que la separa de los colores y el calor de su ciudad, así como de la tibieza del regazo de su madre y del juego con las otras niñas. Ahora la acompañaban el paisaje de los cipreses y los eucaliptos, un feroz frío que lo inundaba todo y los grises del colegio de monjas, todo lo cual sería su destino y, por qué no, su final. Pero ¿qué ocurre cuando la distancia y el paso de las horas impactan el corazón de una niña, apenas haciéndose a un mundo? Ángela, desalojada de las resistencias que su corazón albergaba por el cambio de vida, se ampara en «…las miradas amables que, desde sus altares de la capilla, le enviaban los Santos», las que, sin embargo, no la libraron del todo de sus próximos conflictos, ni de las inquietudes que la embargaban por el futuro que le esperaba; uno bastante restringido debido a las limitadas posibilidades que para ese entonces tenían las mujeres, y que se circunscribían en el mandato: ser para otros.
El cuento nos abre las puertas para ver el proceso de construcción de identidad de una mujer, en el que la obediencia juega un papel central. Para ello nos ofrece una descripción del disciplinamiento que viven las niñas al interior del colegio, y de todas las simbologías y normativas empleadas para tal fin. La cotidianidad de Ángela se zurcía con historias de milagros: «Un día, el Cristo que está en ese cuadro se movió, desclavó la mano derecha y (…) bendijo [el pan]»; con miedos placenteros, dimanados de la majestuosidad del diablo: «No desperdicien el hilo, niñas, porque el diablo está cerca y recoge cada hebra que tiran. Cuando reúna muchas, fabricará una gran bola, que les mostrará en el infierno» o con las historias de la Santa que éste acechaba: «El diablo siempre se encuentra alerta y a la Santa Madre la perseguía cada noche. La sacaba de su celda y la arrojaba escaleras abajo haciendo un ruido tan grande, que las otras monjas despertaban asustadas y tenían que ir a levantarla…», su cotidianidad era, pues, zurcida con los hilos del bien y del mal, que encerraban su ser en unas formas preestablecidas y la llenaban de zozobra.
Esta educación femenina recibida por Ángela fue su condena y su salvación; y la autora, desde una esplendorosa técnica narrativa, nos va mostrando en qué medida fue una y otra cosa, como la protagonista de esta historia, ante lo inapelable de dos destinos femeninos: el ser esposa o el ser monja, actúa para hacer más suya esta disyuntiva. Los cambios en el cuerpo de la mujer tejen su destino, y Ángel lo supo. La sin salida en que la dejaba los mandatos femeninos, le hace inevitable pecar y transgredir la orden oficial. Frente a esto, a Ángela le alcanza la aguja, el misticismo encerrado entre las paredes de su colegio, si mucho, para responder a través de la resistencia o la sublimación.
A partir de este cuento podríamos hacernos preguntas como: ¿cuáles son los caminos posibles y cuáles los construidos —en el tiempo— para los machos y hembras humanos, socializados como hombres y mujeres debido a su sexo?,¿son las mismas socializaciones, los mismos caminos para unos y otras?, en la religión y otras esferas, ¿hombres y mujeres cumplen los mismos papeles?
Ángela y el diablo es un cuento colombiano donde se evidencia el peso de la norma, las creencias y las costumbres en la transición femenina de niña a mujer, la cual implica la aprobación estricta de unas formas de ser-mujer en el mundo, es decir, de responder ante situaciones que, además de ser precisas y repetitivas en tanto actividades inmanentes, las ponen en un paredón sin salida en el que solo queda escapar de manera imaginaria recurriendo a fantasmas del pasado. La invitación del cuento es a leer con otros ojos, los de una niña que vive de manera singular esa transición. La invitación es a mirar hacia atrás la vida de otra mujer, y mirar el hoy desde sus ojos.
Bienvenidos y bienvenidas a esta historia.

¹Bárbara Yadira García Sánchez y Francisco Javier Guerrero Barón, "La condición social de la mujer y su educación a finales de la Colonia y comienzos de la República", Revista Historia y Memoria n.° 08 (enero-junio, 2014): 103-141.
Tomado de: Elisa Mújica, «Ángela y el diablo», en Los mejores cuentos colombianos, selección Daniel Arango (Lima: Editora Latinoamericana, s.f.), 46-52.
Reseña escrita por Simón Rivera

Cuento Ángela y el diablo